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Kiribati

Cómo me convertí en anfibio

Cómo me convertí en anfibio Una aclaración previa: sí, he sufrido esa metamorfosis, es cierto, pero en modo alguno desearía crear la falsa impresión de que resultó dolorosa.
En realidad, para ser sincera, el proceso puede muy bien entenderse como una curación, y en seguida paso a relatarlo, a fin de que este extremo se comprenda perfectamente.
Todo ocurrió aquel otoño, cuando mis constantes vitales entraron de pronto en un inexplicable trance de letargo. Mi temperatura corporal descendió unos cinco grados por debajo de la normalidad humana y mi tensión arterial sufrió una caída en picado de similares características. Supongo, aunque esto no puedo asegurarlo, que los latidos de mi corazón se ralentizaron y, sospecho que, en algún momento, llegaron incluso a detenerse.
Claro está que me quedé mirando al techo.
¿Qué otra cosa podía hacer?
Ninguna: mi cuerpo no me hubiera obedecido.
Cuando, al cabo de unas horas, me acostumbré a mi nuevo estado y logré mover algunas partes de mi cuerpo, como los dedos y las cuerdas vocales, marqué el número de urgencias.
Me llevaron al hospital de Alcorcón, del cual no recuerdo nada, ya que mantuve casi todo el tiempo los ojos cerrados, porque no tenía fuerza para abrirlos y porque el hospital es muy feo. Me aplicaron esas técnicas de reanimación con las cuales la sanidad pública intenta sibilinamente impedir que las personas se conviertan en anfibios. Pero no consiguieron nada. Mi caso debía ser desesperado. A mí me daba igual todo porque, al cambiar de estado, había dejado atrás el sufrimiento y las dudas, adquiriendo una nueva y flamante seguridad en mí misma que antes desconocía. En seguida comprendí que no añoraría en absoluto mi condición humana.
Por contra, iba creciendo en mi interior la ansiedad por las fuentes, los estanques, las charcas y las ciénagas. Y, en momentos especiales de fantasía narcisista, por los lagos de aguas cristalinas, los torrentes de montaña y los balnearios de Baden-Baden.
La Seguridad Social me dejó pronto por imposible. En la misma ambulancia, o parecida, me devolvieron a casa, me depositaron junto al radiador de la calefacción y dejaron a mi alcance un rosario de cuentas de marfil para que estuviera entretenida. En los días siguientes, una trabajadora social acudía a mi domicilio regularmente para comprobar que no había fallecido, ya que mi municipio no permite que ningún ciudadano continúe habitando su piso después de haberse convertido en cadáver.
Tal cosa no ocurrió, puesto que sobreviví.
Mis constantes vitales antiguas ya no se han recuperado. Eso sí, mi cerebro se ha habituado a la condición anfibia y ya me obedecen religiosamente mi cuerpo y mis sentidos. Es más: para asombro de todos mis coetáneos, me obedecen mis sentimientos.
Así es la condición de anfibio, damas y caballeros.
Mi tiempo se reparte ahora entre las largas estancias en la bañera y la gratísima tarea de mirar al techo desde la cama, en posición supina. Los domingos me desplazo en mi Hyundai rojo a diferentes pueblos de la Comunidad de Madrid, todos lo cuales poseen fuentes con hermosas piletas, en las que me recreo flotando feliz entre los nenúfares y las bolsas de plástico. A veces, incluso, me quedo hasta las tantas de la noche y me pongo a croar a la luna. Pero los policías municipales no suelen poner buena cara, así que no abuso de esta conducta.
Y así llega a su culmen el proceso de mi conversión en criatura anfibia, que recomiendo encarecidamente a todos los que me leen.
Croa.
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7 comentarios

KiribatiK -

Y no olvidemos a los super glamurosos pinchosos erizos del mundo, je je...

Amanda -


ah ah!
Os saco la luenga :P

seamos cínicas -

Pues sí, Kiri, el glamour nos sobra, seamos cabras o ranas.

KiribatiK -

Es completamente normal, por supuesto. Además, hemos vivido nuestra transformación sin perder una pizca de nuestro glamour y poderío.

seamos cínicas -

Bueno, no es tan raro eso de que te hayas convertido en ranita. Yo me convertí en cabra así, por inspiración divina.

KiribatiK -

Hola, Aldrin, gracias por tu visita.
Si me besaras en todas las verrugas de mi cuerpo, no me convertiría en princesa ni nada. O sea, que bueno, tú mismo.
:))

Aldrin -

Aldrin estuvo aquí. Te has convertido en sapo, bueno dime donde tengo que besarte.
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