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Kiribati

Director

Director Él sigue sentándose en su butaca de anfiteatro, justo enfrente del escenario. Durante todas las funciones.
Su silueta es una forma oscura en la soledad de las alturas, una forma que nadie puede ver, de modo que bien podemos decir de él que está solo .
Mira atento la función y también estudia a los espectadores: sus reacciones ante el discurrir de la obra. Estudiar el rostro de los espectadores siempre le pareció fundamental. Sobre todo el de los niños, cuando los había en la sala: un libro abierto con grandes verdades escritas en él.
Esa butaca donde se sienta fue, cuando aún vivía, su lugar favorito en el teatro. Desde allí podía controlarlo todo, cada detalle. Evaluar el trabajo, anotar mentalmente lo que había que cambiar. Casi nunca disfrutar con el resultado, aunque éste fuera bueno: el peso de la responsabilidad le pareció siempre demasiado abrumador.
A veces da una palmada y en ese instante el tiempo se detiene. Actores y espectadores quedan paralizados como las figuras de un cuadro.
Entonces él, esa sombra, desciende del anfiteatro y recorre el pasillo, sonriendo a las entrañables caras conocidas que ya no pueden verle ni oírle.
Luego sube al escenario y pasea sin prisa entre los actores. Observa las expresiones congeladas, los ademanes detenidos en una instantánea. Sabe dónde están los fallos. ¿Acaso ellos no los ven? ¡Son tan obvios! Si él aún estuviera vivo, ya se encargaría de hacérselo entender y corregir.
Tal vez lo haga, de todas formas, un día de estos. Ríe al pensar en el susto que se llevarían. Siempre le gustó hacer el gamberro.
Pero no, no interviene, ya que, a decir verdad, se está tomando unas merecidas vacaciones.
Se sentía un poco harto del ruido y del agobio. Su profesión era dura y ocupaba tanto espacio en su vida, que apenas le dejaba tiempo para disfrutar de su familia. No, no se queja. Él eligió esa tarea, y el teatro le entró ciertamente en las venas como una droga. Pero, aún así, estaba cansado y necesitaba un tiempo de reposo.
De todas formas, intuye que alguien, en breve, vendrá a buscarle y se le terminarán las vacaciones. Dentro de su mente, una voz susurra que allí, en ese lugar hacia donde viajará pronto, le están esperando para que les organice un buen espectáculo teatral.
Sí, ya sabe que, las de estos días, son las últimas funciones que observará desde su butaca del anfiteatro.
Les echará de menos, claro: a los actores, a los acomodadores, a los asiduos del público. A su familia, sobre todo a su padre y mano derecha, fiel entre bastidores, atento a sus instrucciones.
Pero es inevitable que caiga el telón pronto.
Que comience la representación en otra parte, donde tanto, tanto le queda aún por aprender.
Tantas funciones por representar.
¿Habrá allí una buena butaca de anfiteatro desde la que pueda sentarse a mirar?
Seguro que sí.
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9 comentarios

Kiri -

Aber, por Dios, que me cubro de rubores.
Qué majo, muchas gracias.:-)

Ana, es que el Don Mendo de Fernán Gómez comía aparte. Un tío tan grande y tan feo, con aquella peluquita rubia, je je...

Aber -

La persona que homenajeas puede sentirse orgullosa. Muy bueno, y muy bien escrito. Un olé por Kiri.

Ana* -

¿La Venganza de Don Mendo? Ja, ja, qué buena. Lo que pasa es que ya la tengo asociada mentalmente a Fernán Gómez y soy un poco cerradilla para eso. Si me gusta algo, que no me lo toquen. Manías.

Kiri -

Gracias, reina.
Algunas veces llego a casa de por el mundo y como que necesito escribir ciertas cosas. Pues como anoche, por ejemplo. El resultado no importa mucho, es más el desahogo.
Bueno, el caso es que ví el montaje de La Venganza de Don Mendo que hay ahora en el teatro de La Latina. Me gustó, pero sobre todo le gustó a Alicia, que nunca había visto la obra.
Es muy agradable asistir con ella a descubrimientos nuevos.
Ahora, que el precio de las entradas anda por la estratosfera, joer.
Pero estuvo bien. Y divertido, a pesar de los recuerdos.

Ana* -

Vaya, no sabía. Lo siento. Desde luego se nota que anda por aquí cerca... Cómo no iba a hacerlo, con una forma tan hermosa de convocarle.

Kiri -

Buenas noches, muñecas.
Sois compañía, y no precisamente teatral. :-)

Kiri -

Gracias, Ana. Hoy estuve en el teatro y recordé mucho a una persona que ya no está.
Si existen los fantasmas, el suyo seguro que anda por esos escenarios del mundo.

Gru -

Sí, un hermoso homenaje, Kiri. Muy hermoso.

Ana* -

Esto sí que es el fantasma de la ópera :P

Precioso relato.
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