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Kiribati

Supuesto Práctico

Supuesto Práctico

La enfermera del Servicio Andorrano de Salud Floripes Cabuérniga está secretamente enamorada del apuesto joven Gonzalitos Pi, funcionario del Cuerpo de Aduaneros de Su Majestad Imperial Autrohúngara.

Demasiado tímida para hacerle saber su apasionado sentir, Floripes decide, con muy buen criterio, administrarle un bebedizo para dejarle grogui y pasar de inmediato a perpetrar la violación correspondiente, a fin de calmar sus ardores uterinos internos, ya de todo punto insoportables.

Con la intención de ganarse la confianza del joven, nuestra heroína le regala un perro, el cual se encarga de ejecutar variadas monerías perrunas, como bailar en dos patitas y ladrar canciones del Fary, que encandilan mucho a Gonzalitos. Mientras tanto, la sigilosa Floripes administra diez gotas de belladona en el café del aduanero. El efecto es fulminante y Gonzalitos, de por sí no muy recio que digamos, despierta unas horas después atado a la cama de un hospital público español. Una vía intravenosa le inocula varios litros de Viagra en sangre, al tiempo que, a escasos centímetros de su rostro congestionado, ve entre nieblas el bigote de Floripes agitado por una siniestra risa.

-¡JA JA JA!¡Vas a ser mío, pimpollo!¡JA JA JA!

Desde la cama de al lado, un señor de Murcia recién operado de hernia inguinal, se escandaliza por el mal funcionamiento de los servicios públicos.

El perro le da la razón.

Perpetrado el acto, Floripes llama por teléfono a su amiga María Soraya Bernaldez, funcionaria del Cuerpo de Bordadoras de Sotanas, Casullas y Sobrepellices del Palacio Arzobispal de Astorga, la cual le pregunta cómo ha estado la cosa.

Floripes le responde que bien, pero que Gonzalitos se ha muerto, aunque eso a ella ya no le importa nada porque, como ella ya ha calmado sus furores uterinos, pues eso.

María Soraya le responde que buah, qué flojos hacen a los tíos hoy en día, y se lamenta porque ahora su amiga tendrá que enamorarse apasionadamente de algún guardia de Corps, o de algún alcanciero, portaespatario o alguacilillo de Corte, volver a sufrir ardores uterinos, volver a encandilarle con una mascota, volver a gastarse una pasta en belladona y Viagra, y volver a extorsionar, para obtener una cama de hospital, a los responsables gubernamentales de Sanidad, bajo la amenaza de mostrar a la prensa aquellas fotos en que aparecen vestidos sólo con un tutú en plena orgía ministerial.

-Mucho trabajo es lo que dan y luego no duran nada.-concluye Floripes, abandonando la escena de su desfogue.

El perro mira al señor de Murcia, el señor de Murcia mira al perro, y ambos están de acuedo en que este es el principio de una gran amistad.

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Preguntas:

1.-¿Ha vulnerado Floripes Cabuérniga alguna que otra disposición de la Ley de Funcionarios Civiles del Estado? Razónese.

2.-¿La actitud pasiva de Gonzalitos durante el acto administrativo perpetrado por Floripes puede considerarse abandono del servicio, el cual es susceptible de ser castigado como falta muy grave?

3.-¿A qué capítulo del presupuesto corresponde el gasto en tutús para orgías de los responsables de Sanidad?

4.-¿En qué modalidad de la Ley de Contratos del Estado podemos encuadrar la figura del perro?

5.-¿Existen pensiones de clases pasivas que cubran la contingencia de baja médica por furor uterino? Calcúlese la pensión de Floripes. ¿Y la figura de la excedencia por violaciones sucesivas de aduaneros, para las funcionarias de la Administración?. Razónese.

6.-¿Terminará ya esta gilipollez?

7.-¿Hay algún aduanero en la sala?

(El presidente del Tribunal de Oposición, 28-Enero-2004)

Poupée de cire

Poupée de cire

Je suis une poupée de cire
Une poupée de son
Mon coeur est gravé dans mes chansons
Poupée de cire, poupée de son

Suis-je meilleure, suis-je pire
Qu'une poupée de salon
Je vois la vie en rose bonbon
Poupée de cire, poupée de son

Mes disques sont un miroir
Dans lequel chacun peut me voir
Je suis partout à la fois
Brisée en mille éclats de voix

Autour de moi j'entends rire
Les poupées de chiffon
Celles qui dansent sur mes chansons
Poupée de cire, poupée de son

Elles se laissent séduire
Pour un oui, pour un non
L'amour n'est pas que dans les chansons
Poupée de cire, poupée de son

Mes disques sont un miroir
Dans lequel chacun peut me voir
Je suis partout à la fois
Brisée en mille éclats de voix

Seule parfois je soupire
Je me dis à quoi bon
Chanter ainsi l'amour sans raison
Sans rien connaitre des garçons

Je suis qu'une poupée de cire
Qu'une poupée de son
Sous le soleil de mes cheveux blonds
Poupée de cire, poupée de son

Mais un jour je vivrai mes chansons
Poupée de cire, poupée de son
Sans craindre a la chaleur des garçons
Poupée de cire, poupée de son.
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Interpretada por France Gall en Eurovisión, 1965

Navegante

Navegante

Siempre viví enamorada de la misma persona,
siempre, desde que alcanza mi memoria.
Y nunca me detuvo el estúpido hecho
de que esa persona sea inexistente.

Sufrí errores de juicio, lo confieso,
y vestí con sus ropas a maniquíes de madera.
Humildes maniquíes de madera,
buenos seres humanos,
o regulares,
o malos,
que ahora yacen casi olvidados
-casi-
en mi desván de los maniquíes de madera.

Porque ellos no eran mi amor imaginario,
ni se le parecieron realmente,
sino como un espejismo a un oasis de palmeras.
Te acercas y no hay nada: así de simple.

Ay...así de simple.
Qué putada.

Qué putada sí, pero es que
mi amor le viene a todo el mundo grande.
Hasta a mí me viene grande.

Qué putada.

Él será mi última imagen cuando muera,
mi última sensación de latido de vida,
mi torrente de endorfinas en sangre
anunciando el final del espectáculo.
Entonces le veré
como te estoy viendo a ti en este momento,
tan real y tan cerca de mis manos.

Mi amor esconde una ciudad de cúpulas de oro
en el fondo de cada uno de sus ojos.
No hay ninguna pasión que desconozca.
Ha visitado todas las estrellas.
Me cuenta historias desde dentro de mis sueños,
historias imposibles que están pasando ahora.
Navega entre las islas de Oceanía
al timón de su nave de argonauta.
Canta con voz antigua en noches boreales
estrofas que aprendió al regreso de Troya.
Y me llena de fuerza para la pelea,
porque él es mi propia fuerza.

Y tal vez me conoce o ha oído hablar de mí.

O tal vez no.

Pero yo veré sus ojos y tocaré sus manos.

En mi último segundo.

Estoy segura.

(Amelia, 25 de Enero de 2004)

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Imagen: Aurora Boreal en Abril de 2000.

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Mascota

Mascota

Hace algún tiempo, tuve una mascota.
Para ser precisos, se trataba de un reptil marino llamado ictiosaurio. Seguro que habréis oído hablar de él.
Solíamos salir a navegar juntos por los mares Jurásicos. Mi amigo tiraba alegremente de una caracola gigante en la que yo subía, y así surcábamos los dos las infinitas aguas azules.
Recuerdo muy bien el viento y el sol acariciándome la cara, la brisa salobre alborotando mi cabello y a los pterodáctilos emitiendo sus extraños chillidos, mientras volaban en círculo sobre nuestras cabezas.
A veces, el ictiosaurio emprendía una ruta por su cuenta, como si quisiera sorprenderme o sorprenderse a sí mismo. Entonces, salía a toda velocidad de los prudentes límites del Mar de Thetis y, timoneando raudo con su aleta caudal, me conducía a los confines de la banquisa polar, donde se detenía un rato para que ambos pudiéramos contemplar a gusto las auroras boreales.
En otros momentos, me pareció pensativo. Sus ojos redondos escrutaban las profundidades de aquellas aguas transparentes, en cuyo remoto fondo divisábamos las interminables extensiones de arrecifes coralinos.
Pero nunca me dijo en qué pensaba, por más que se lo pregunté.
Tal vez en nada.
Ya no importa: yo guardo el recuerdo preciso de su expresión tan reflexiva, tan tranquila y, si se me permite la adjetivación, tan cetácea.
Y en verdad que se trata de un recuerdo hermoso.
Creo sinceramente que éramos muy felices juntos, sin pedirnos explicaciones.
Siempre nos guardamos un tierno afecto mutuo, aunque perteneciéramos a especies tan dispares y a mundos tan, a primera vista, irreconciliables.
Después él se extinguió, porque pasó su tiempo y le llegó la hora de extinguirse. Y yo me quedé aquí, sola en la playa.
Es en estas noches frías de aurora boreal cuando su recuerdo acude a mí con más fuerza. Le echo tanto de menos...
Ahora intento entablar amistad con una hembra de galápago, que suele venir por aquí a enterrar sus huevos.
No es lo mismo.
La galápago responde educada a mis saludos, pero se ve a las claras que su carácter resulta bastante más cerrado.
A la postre, el ictiosaurio resultó ser la única mascota que yo haya tenido nunca.

Aunque...tal vez yo fui la mascota de él.

Casi nunca, en estos casos, resulta fácil saber quién fue la mascota de quién, ¿verdad?

Pues eso.

Olvido

Olvido

Contemplo mi reflejo en las aguas oscuras
del Río del Olvido.
Como una Ofelia ingrávida rodeada de pétalos.

Miro atrás, al jardín,
pero todas las fuentes han perdido su nombre.

Se amontonan las nubes.
La brisa se ha llevado,hace un instante, el tiempo.
Sólo queda el silencio.

Aunque yo le interrogue, el agua no responde.

Y estaba esa pregunta…
Pero no la recuerdo.

Quizá me están llamando, mas olvidé mi nombre.
Igual que las estatuas.
Quién sabe si crucé este río hace mucho,
Y ya no lo recuerdo.
Quién sabe si por fin abandoné esta orilla,
Y ya no lo recuerdo.
Yo sufría y me miraba en la corriente oscura…
Pero ya no me acuerdo.

Pétalos muertos flotan alrededor de Ofelia.

(Amelia, 2002)

Reloj

Reloj

En uno de mis periplos de batracio por las fuentes de mi país, encontré un reloj.
Un reloj de sol sin gnomon; sin mecanismo alguno que, por muy simple que fuera, pudiera indicar la hora siquiera por aproximación.
Un desconocido grabó las líneas en el borde de mármol de la pileta. Luego las dejó todas al sol, marcando a la vez todas las horas y ninguna.
Allí no existe el tiempo.
O todo el tiempo está condensado en ese punto.
Aranjuez: Fuente de Hércules.

Cómo me convertí en anfibio

Cómo me convertí en anfibio

Una aclaración previa: sí, he sufrido esa metamorfosis, es cierto, pero en modo alguno desearía crear la falsa impresión de que resultó dolorosa.
En realidad, para ser sincera, el proceso puede muy bien entenderse como una curación, y en seguida paso a relatarlo, a fin de que este extremo se comprenda perfectamente.
Todo ocurrió aquel otoño, cuando mis constantes vitales entraron de pronto en un inexplicable trance de letargo. Mi temperatura corporal descendió unos cinco grados por debajo de la normalidad humana y mi tensión arterial sufrió una caída en picado de similares características. Supongo, aunque esto no puedo asegurarlo, que los latidos de mi corazón se ralentizaron y, sospecho que, en algún momento, llegaron incluso a detenerse.
Claro está que me quedé mirando al techo.
¿Qué otra cosa podía hacer?
Ninguna: mi cuerpo no me hubiera obedecido.
Cuando, al cabo de unas horas, me acostumbré a mi nuevo estado y logré mover algunas partes de mi cuerpo, como los dedos y las cuerdas vocales, marqué el número de urgencias.
Me llevaron al hospital de Alcorcón, del cual no recuerdo nada, ya que mantuve casi todo el tiempo los ojos cerrados, porque no tenía fuerza para abrirlos y porque el hospital es muy feo. Me aplicaron esas técnicas de reanimación con las cuales la sanidad pública intenta sibilinamente impedir que las personas se conviertan en anfibios. Pero no consiguieron nada. Mi caso debía ser desesperado. A mí me daba igual todo porque, al cambiar de estado, había dejado atrás el sufrimiento y las dudas, adquiriendo una nueva y flamante seguridad en mí misma que antes desconocía. En seguida comprendí que no añoraría en absoluto mi condición humana.
Por contra, iba creciendo en mi interior la ansiedad por las fuentes, los estanques, las charcas y las ciénagas. Y, en momentos especiales de fantasía narcisista, por los lagos de aguas cristalinas, los torrentes de montaña y los balnearios de Baden-Baden.
La Seguridad Social me dejó pronto por imposible. En la misma ambulancia, o parecida, me devolvieron a casa, me depositaron junto al radiador de la calefacción y dejaron a mi alcance un rosario de cuentas de marfil para que estuviera entretenida. En los días siguientes, una trabajadora social acudía a mi domicilio regularmente para comprobar que no había fallecido, ya que mi municipio no permite que ningún ciudadano continúe habitando su piso después de haberse convertido en cadáver.
Tal cosa no ocurrió, puesto que sobreviví.
Mis constantes vitales antiguas ya no se han recuperado. Eso sí, mi cerebro se ha habituado a la condición anfibia y ya me obedecen religiosamente mi cuerpo y mis sentidos. Es más: para asombro de todos mis coetáneos, me obedecen mis sentimientos.
Así es la condición de anfibio, damas y caballeros.
Mi tiempo se reparte ahora entre las largas estancias en la bañera y la gratísima tarea de mirar al techo desde la cama, en posición supina. Los domingos me desplazo en mi Hyundai rojo a diferentes pueblos de la Comunidad de Madrid, todos lo cuales poseen fuentes con hermosas piletas, en las que me recreo flotando feliz entre los nenúfares y las bolsas de plástico. A veces, incluso, me quedo hasta las tantas de la noche y me pongo a croar a la luna. Pero los policías municipales no suelen poner buena cara, así que no abuso de esta conducta.
Y así llega a su culmen el proceso de mi conversión en criatura anfibia, que recomiendo encarecidamente a todos los que me leen.
Croa.

¡Qué miedo dan las Ronettes!

¡Qué miedo dan las Ronettes!

Te cagas.

Son más siniestras que Destiny´s Child, aunque no tanto como Atomic Kitchen.

¡Eran tan clónicas!

¡qué miedo!

Supongo que las tres compartían cerebro. Lo cual no sería muy anormal, teniendo en cuenta la media intelectual americana.

¡Temblad, malditos!

A su lado, Metallica es el coro de la iglesia.

¿Y las bailarinas que las acompañaban?

Esas eran bestias asesinas. Y clónicas.

(colaboración de Alicia para Mari-Kiri)

¿A quién le importa Kiribati?

¿A quién le importa Kiribati?

¿A quién le importa Kiribati?
Juan Carlos Vallejo
Rebelión

Está en Oceanía, en la línea ecuatorial y en medio del mar Pacífico. Lo componen 33 atolones de coral. Posee una área de 811 kilómetros cuadrados (Gilbert Islands, Line Islands, Phoenix Islands). Clima tropical, caliente y húmedo. Tiene 98.549 habitantes que se distribuyen en sólo 12 de los atolones que lo componen; pues 21 ya son inhabitables. El bravo mar y el recalentamiento de la tierra, se los está tragando. Estuvo bajo dominio del Reino Unido, con el nombre de "Islas Gilberto". Su principal recurso natural fue el fosfato, cuya explotación se agotó en 1979; casualmente, cuando el Reino Unido le otorgó su "independencia". Tomaría entonces el nombre de Repúbica de Kiribati. Ahora sobreviven de la exportación de pescado a Japón, Polonia, Bangladesh, Estados Unidos, Brasil y Australia. Su moneda es el dólar australiano. El grupo étnico que lo habita es principalmente micronesio, con una minoría polinesia. Su capital es Tarawa. El idioma oficial es el inglés. Tiene un consulado en Honolulú, pero carece de embajada en los Estados Unidos. Igualmente, el embajador de los Estados Unidos en las Islas Marshall, manda, corrección, oficia, como embajador en Kiribati. (1)

Siendo presidente de China, Jiang Zemin, firmó algunos acuerdos de cooperación con el gobierno del entonces presidente de Kiribati, Teburoro Tito. China, acababa de ingresar a la Organización Mundial del Comercio y necesitaba expandir su mercado. Pero, mucho más que eso, la motivación más importante, era la posición de Tito de respaldar la teoría de "una China, dos sistemas" (2), con lo cual daba tranquilidad a los pretendidos intentos de emancipación de Taiwán y a las continuas presiones "de un embajador de un imperio" -¿A que no adivinan cuál?- para apoyar la causa taiwanesa.

Pero la luna de miel entre el gigante asiático y el inundado país oceánico, duró hasta el 10 de Julio de 2003, cuando el nuevo presidente de Kiribati, Anote Tong, de línea proestadounidense, comenzó a obedecer y a manifestarse en favor de las intenciones separatistas de Taiwán. Pese al manifiesto rechazo de China a los coqueteos del gobierno de Tong con el proceso en Taiwán y la "Ley de Referédum", éste se atrevió incluso a establecer relaciones diplomáticas con los taiwaneses, como si se tratara de un país independiente. Los chinos tienen una característica que les es muy propia: ¡advierten una vez! El pasado 29 de noviembre, China decidió, unilateralmente, romper relaciones diplomáticas y comerciales con Kiribati. (3)

En el ajedrez geopolítico, existen los peones lacayos que se sacrifican en pro de los intereses de su soberano. (Islas Marshall siempre vota en favor del bloqueo a Cuba; El Salvador constantemente impulsa resoluciones en la OEA contra la isla; la ONU repite el libreto de Iraq en Irán; desde Colombia desestabilizan el proceso bolivariano del presidente Chávez; República Dominicana, Nicaragua y El Salvador envían sus soldados a morir a Iraq). Esta vez el sacrificado es Kiribati. Tal vez, a cambio de sus servicios, Tong y su familia puedan disfrutar Disney World, cuando su país desaparezca. No porque China lo devore. Sino porque, sin la ratificación del Protocolo de Kyoto, precisamente por parte de quien Kiribati le sirvió, no se puede moderar el aumento de la temperatura de la tierra y su inevitable consecuencia: el deshielo y el aumento del nivel de los océanos. Razones por las que, según el Panel Intergubernamental sobre cambio climático de las Naciones Unidas (4), en pocas décadas, Kiribati será sólo un recuerdo.

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Notas:

(1) Informe de la CIA, "World Factbook" de agosto 1 de 2003

(2) Xinhua, abril 7 de 2002

(3) Xinhua, noviembre 29 de 2003

(4) Organización de las Naciones Unidas, Panel Intergubernamental sobre cambio climático, Julio 11 de 2001.

http://www.rebelion.org/ecologia/031209kiribati.htm#

Durmiendo

Durmiendo

La bruja del sueño me ha dicho que no volverás. Me ha dicho más todavía: que nunca estuviste aquí.
Ella lo sabe todo sobre las personas, sólo con mirarlas a los ojos.
Siempre tiene razón.

"Quien ama no juzga", dice.

Tiene razón.
Siempre tiene razón.

Entonces, ha asomado un rayo de sol por las rendijas de la persiana, anunciando el comienzo de otra agonía interminable de cuarenta grados a la sombra.
Así que me he dado media vuelta para seguir durmiendo.
Sólo que en ese momento el sueño ha cambiado:

He visto la Fuente.
He visto la cara sonriente de mi madre joven, inclinada sobre la cuna.
He visto el carmín de granza, el verde veronés, el amarillo de Nápoles y el azul de Prusia derramados sobre la blancura del lienzo, igual que gozosas golosinas.

He descendido hasta el lugar encantado, azul y recóndito: la gruta submarina donde duerme la otra mitad de mí.
Y yo vivo porque ella me sueña, como ella vive porque la sueño yo.

Y me he despertado.

Buenas noches.

Sigue soñando.

(escrito en el verano de 2003, antes de convertirme en anfibio)