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Kiribati

Observatorio lunar

Nota

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Sin forosa en minifalda
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Despertar

Despertar No sabía si terminar de despertarse.
No se sentía bien, pero el calor de las mantas y una incierta caricia de los primeros rayos del sol, le recordaron que aún seguía vivo.
La mujer sólo había permanecido un par de horas a su lado. Después se había marchado sin disimular cierta prisa, ya que el tiempo de vida que solía dedicarle era escueto. No quería ni podía otorgarle más.
Ni él se lo hubiera pedido.
El hombre no recordó, tampoco aquella mañana, -ya por falta de costumbre- los tiempos lejanos en que la sangre había circulado por sus venas. Cuando el contacto con otro cuerpo era una inspiración apasionada que lo alteraba todo, un sentirse gigantesco y muy pequeño a la vez. Una revolución compartida de células, fluídos y corrientes. Cuando los amaneceres eran siempre el mismo goce de amanecer inmaculado, vivido muchas veces y nunca repetido. Aquella belleza pura que le transportaba a su infancia y que le permitía respirar sin miedo, hasta el fondo de sí mismo, como si también él se hubiera convertido en aire .

No recordó, tampoco en esta ocasión, lo único real que había poseído en su vida: la última vez que había amado; que había respirado.

Sin embargo, todo estaba bien.
Calentaba el sol y era domingo.
Además, últimamente la angustia parecía haberse amodorrado un poco y, de vez en cuando, le dejaba un rato en paz.
¿Qué más se podía pedir, después de todo?
Se incorporó, caminó por la casa y se preparó el desayuno.
Y no olvidó llevar consigo su cuerpo cansado, arrastras por cada metro cuadrado de soledad.

Colocón en la Cartuja

Colocón en la Cartuja El día de ayer nos salió digamos que durillo.

Así que, por la cosa del relax y la recuperación de la paz interior, hoy me tocaba hacer de dominguera camarita en ristre (bueno...no recuerdo si he mencionado que me compré hace poco una cámara digital); y subirme con mi cochecillo a las alturas nevadas, allá por los remotos confines de la civilización, donde serpentea sobre agrestes picachos la frontera con Segovia.
Yo siempre he creído que el aire de la Sierra de Madrid era muy puro.
Hoy he comprendido que mi estimación era algo precipitada, porque eso depende.
Depende de las zonas: lo que es dentro de la Cartuja de El Paular te agarras un colocón que lo flipas, vamos. Y el que no me crea, que lo compruebe in situ.
Éramos una fila nutrida de visitantes los que recorríamos el hermoso edificio, detrás de un monje que al principio parecía muy puesto en su papel de guía. Yo en seguida me he dado cuenta de que aquellas desaforadas nubes de incienso que flotaban por todos los rincones de la Cartuja, comenzaban a producir sus efectos sobre los miembros de la expedición. Empezando por un par de ancianitas que, nada más pasar el claustro, dieron en adoptar una expresión ausente, perdida la mirada en el vacío, el cuello tieso y las pupilas muy fijas y dilatadas.
El segundo factor que, al cabo de unos minutos de visita, ha alertado mis sensores ha sido el ji ji ji que soltaba el monje guía sin ton ni son, al final de algunas frases. Las cuales frases no eran, entiéndase bien, frases de ji ji ji.
La gente se daba codazos primero, pero luego le coreaba. La gente es así.
-Porque esta sillería de coro del siglo XVI, no se me sienten que cobramos, no, cobran ustedes, ji ji ji... No se toca, no se toca, ji ji ji...
Y la peña coreaba:
- No se toca, no, no, no se toca, ji ji ji.
Pero lo mejor era cuando cambiábamos de sala. El reverendo sacaba de no se sabe dónde una profunda voz de gañán y tronaba a su rebaño:
-¡¡¡¡Y EL ULTIMO QUE CIERRE LA PUERTAAAAA!!!!.
Y la peña coreaba:
-¡¡¡EL ÚLTIMO QUE CIERRE LA PUERTAAAAA!!!!, - y luego añadían.- ¡ji ji ji!
Andábamos todos tambaleantes. No importa: nuestro guía espiritual nos ha puesto en fila de a uno, a fin de que nuestras almas no se descarriasen.
-¡¡¡¡TODOS DE A UNO, TODOS DE A UNO!!!!
Y la peña repetía como un eco:
-¡¡¡TODOS DE A UNO, JI JI JI!!!
-Y ahora vamos a jugar al ajedrez.- ha sentenciado el buen hombre muy serio, aunque sin dejar de balancearse, cuando hemos llegado ante el retablo.
A continuación, tras un grácil saltito sobre el enlosado blanco y negro, me ha dado un barrigazo.
No me lo estoy inventando, ¿eh?. Me ha dado un barrigazo. Seguido de un ji ji ji. Y yo no sé por qué me ha dado un barrigazo. Sólo sé que a nadie le ha importado nada, ni siquiera a mí, ya que estábamos todos drogados y no éramos personas ni teníamos conocimiento.
-Y ahora me pongo en la puerta con la mano así.- ha dicho mostrando su gordezuela extremidad entreabierta.- y ustedes me echáis los monis.
Y la peña dice:
-Los monis, los monis, ji ji ji.
Sólo después de salir de allí, pasar un buen rato en las cimas nevadas y refrescarme el careto con un puñado de nieve, he vuelto a mi circunspección habitual. Pero antes, desde la cuneta, he visto pasar los coches con la gente de la visita, que iban todos haciendo ji ji ji. Y, en uno de aquellos coches, iban también las dos ancianitas de mirada extraviada.
He pensado:
-Joder, qué cosas.
Y lo sigo pensando: joder, qué cosas.

Menudo dolor de cabeza.

Nunca desayunaré en Tiffany

Nunca desayunaré en Tiffany Nunca desayunaré en Tiffany
ese licor fresa en ese vaso
Modigliani como tu garganta
nunca
aunque sepa los caminos
llegaré
a ese lugar del que nunca quiera
regresar

una fotografía, quizá
una sonrisa enorme como una ciudad
atardecida, malva el asfalto, aire
que viene del mar
y el barman
nos sirve un ángel blanco, aunque
sepa los caminos nunca encontraré
esa barra infinita de Tiffany
el juke-box
donde late el último Modugno ad
un attimo d'amore che mai piu ritornera...

y quizá todo sea mejor así, esperado

porque al llegar no puedes volver
a Itaca, lejana y sola, ya no tan sola,
ya paisaje que habitas y ususrpas
nunca,
nunca quiero desayunar en tiffany, nunca
quiero llegar a Itaca aunque sepa los caminos

lejana y sola.

(M. Vázquez Montalbán)

Y esto...

Y esto... ...es una obra donde había unos albañiles muy simpáticos.
No sé, debe ser un centro comercial o algo así, porque una cosa tan grande, y dedicada a la familia, sólo puede ser un centro comercial.
Por dentro estaba llenito de japoneses. Bullían en su interior por acá y acullá, por arriba y por abajo, como un ejército de hormiguitas alegres, disciplinadas y hacendosas.
El centro comercial tiene buenas vistas, pero, al rechazar el ascensor -como recias castellanas que somos,representantes de la altiva víscera hispana en una tierra infiel- para subir a contemplarlas, pues todavía tengo yo agujetas.

Y aquí tenemos...

Y aquí tenemos... ...la casita de Pasqualet, el amable caballero con bigote que nos invitó a besugo.
Aunque la gente insistía en que es muy honorable, él nos miraba con ojitos picarones. En fin, mientras pague las facturas...

Son fotos hechas con mi nueva cámara digital. No sé si he mencionado que tengo una cámara digital nueva.

El Monumento...

El Monumento... ...a Sokol.
Ahí está, en todo su esplendor fálico, en medio de la Ciudad de los Prodigios. Lógico, claro, porque representa a un prodigio.
¿Cómo será cuando enchufen el surtidor de horchata?
Obnubilada me quedé por el realismo de la representación.
Y eso que es una maqueta en tamaño reducido.
Pero bueno, para hacerse una idea vale.

El Quinto Propósito

El Quinto Propósito "Una de las principales causas de pérdida de entusiasmo es la sensación de que no nos quieren... Un hombre puede tener la sensación de que no le quieren por muy diversas razones. Puede que se considere una persona tan horrible que nadie podría amarle; puede que en su infancia haya tenido que acostumbrarse a recibir menos amor que otros niños; y puede tratarse, efectivamente, de una persona a la que nadie quiere...
...la gran mayoría, tanto hombres como mujeres, cuando no se sienten queridos se hunden en una tímida desesperación, aliviada sólo por ocasionales chispazos de envidia y de malicia. Como regla general, estas personas viven muy reconcentradas en sí mismas, y la falta de afecto les da una sensación de inseguridad de la que procuran instintivamente escapar dejando que los hábitos dominen por completo sus vidas... Suelen actuar así por miedo al frío mundo exterior...
Los obstáculos psicológicos y sociales que impiden el florecimiento del cariño recíproco son un grave mal que el mundo ha padecido y sigue padeciendo. A la gente le cuesta trabajo conceder su admiración, por miedo a equivocarse; y le cuesta trabajo dar amor, por miedo a que les haga sufrir la persona amada o un mundo hostil. Se fomenta la cautela, tanto en nombre de la moral como de la sabiduría mundana, y el resultado es que se procura evitar la generosidad y el espíritu aventurero en cuestiones afectivas. Todo esto tiende a producir timidez e ira contra la humanidad, ya que mucha gente queda privada durante toda su vida de una necesidad fundamental, que para nueve de cada diez personas es una condición indispensable para ser feliz..."

(Bertrand Russell)

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Yo añadiría mi personal desaliento y rabia profunda, al ver a magníficas y valiosas personas en mi entorno, personas que me han sido muy queridas, no ya infelices, sino auténticamente enfermos por haber insistido tercamente, todos los días de su vida durante años, en negarse la facultad y la necesidad natural del amor. Bajo la excusa de la "racionalidad", en general: excusa torpe donde las haya, que sólo oculta un profundo acojonamiento nada racional ni precisamente adulto.
Y añadiría aún más: creo que, por mucho que los demás me puedan hacer sufrir, me negaré SIEMPRE a dejarme doblegar por esa precisa clase de estupidez humana.
Igual que no me corto la mano derecha, no me corto los sentimientos ni me los atrofio.
Y la única cautela (no es poca) que pienso guardar al respecto es la de fijarme bien para procurar no depositarlos en personas que no saben, no pueden o no quieren sentir, porque se han encargado de mutilarse bien mutilada esa parte fundamental de sí mismos y la han sustituído (con escaso éxito) por interminables cadenas de argumentaciones, palabrería y sabidurías de salón.

Y para ser domingo, ya he largao bastante.

Creo que me iré de excursión con la señorita hija.

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La imagen es Orión. No tiene que ver con el texto, es que me mola a mí.

Propósitos para el nuevo año

Propósitos para el nuevo año I. Abusar del sexo.(El mío y el de los demás, pero siempre con educación, con mucha educación y manejando la fusta sin acritud)
II. Escribir cosas en mi agenda nueva, que es muy bonita. (Y tiene las tapas rojas)
III. Montarme en las avestruces de Gru.(A pelo; a pluma mejor dicho. Juas)

Y

IV. Plantearme como logro fundamental de mi vida el hacer las tres cosas a la vez, mientras llevo a cabo mi magnífica imitación de la Duquesa de Alba.


A TOMAR POR SACO EL 2004

*Os perdono*

No me da la gana

No me da la gana Decir Feliz Navidad. Ni poner horteradas de adorno en mi casa. Ni comer polvorones pastosos. Y el primer honrado trabajador vestido de Papa Noel que me encuentre, a la que se descuide le hostio.

Es lo que hay.

La asombrosa y verídica leyenda de la Peña Huevera

La asombrosa y verídica leyenda de la Peña Huevera Una mañana de hace muchos, muchísimos años, paseaban por las afueras del hermoso pueblo de Valdelaguna dos labriegos naturales del lugar.
Al llegar a cierto enclave elevado, les sorprendió un extraño sonido procedente de una gran peña cercana. El sonido nacía del interior mismo de la piedra y era una especie de "bur-bur" repetido.
Derrochando racionalidad y sentido común, los dos labriegos dedujeron enseguida la causa del sonido misterioso:
-Es la Virgen, que se ha quedado atrapada dentro de la peña e intenta decirnos que quiere ir a Burgos.
-Entonces, lo que debemos hacer ahora mismo es liberarla. Vamos a liarnos a pedradas para que se abra la peña y la Virgen se pueda escapar. *
Sin embargo, se dieron cuenta de que, si usaban piedras, podían herir a la Virgen sin querer, así que decidieron usar algo que no pudiera causar daño. Eligieron estampar huevos contra la peña.
Se pusieron de inmediato manos a la obra. Pronto se les unieron los demás lugareños, llevando consigo cestas y más cestas repletas de huevos, que lanzaban contra la piedra, de la cual no cesaba de salir el "bur-bur" enigmático.
Cientos de huevos, miles de huevos, millones de huevos (¿será por huevos en mi pueblo?), en tal cantidad que se formó un torrente de huevo montaña abajo y una pareja de bueyes que recorría el valle tirando de su carro, pereció ahogada en huevo.
Finalmente, a golpe de huevo, consiguieron que la peña se abriera por la mitad. De ella salió una abubilla, puesto que era este ave, y no la Virgen, quien emitía el ruidillo.
Desde entonces, los de Valdelaguna somos llamados abubillos en todo el contorno.
La peña existe, al menos lo que queda de ella tras los huevazos: se llama obviamente Peña Huevera.

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(*)Por supuesto, estas frases están traducidas al castellano. En el idioma original de Valdelaguna sería más o menos:

-¡Dá copón! Mia lo que suena pallí, galán. La vilgen que se quié il a Bulgo.
-¡Eh, que helmosa! Chacho, Trae un cacho canto carribamos la peña pa que salga.
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La Cabra...

...del logo es una obra del paisajista americano Albert Bierstadt.
Esperemos que no se coma el fondo verde. Si alguien pasa por aquí y la ve mordisqueando, que la diga algo. A ver si cuando vuelva me encuentro los cables del ordenador al aire, je.

Me voy de reunión.

¡Otra vez! :-(

La foto....

La foto.... ... del logo es Noceda, un rincón de la Sierra de La Cabrera, en otoño. Es una imagen que me impactó por sus colores. Pertenece a un reportaje recogido en

http://www.guiarte.com/cabrera1/

Esta imagen de arriba también es de la misma Sierra, de Castrillo de Cabrera. Aunque aparece algo chapuceramente recortada, merece la pena verla en grande en:

http://www.pueblos-espana.org/castilla+y+leon/leon/castrillo+de+cabrera/LA+UTRE/

Es una zona de castros célticos, claro. Salvaje, muy salvaje.

Cacho de cancioncilla para esta luna llena de fin de semana

Cacho de cancioncilla para  esta luna llena de fin de semana "...volverás desde tu Infierno
con el rabo entre los cuernos
implorando una vez más
pero para ese entonces
yo estaré en millón de noches
lejos de esta enorme ciudad
lejos de ti.
Si te vas, si te vas, si te marchas
mi cielo se hará gris
si te vas, si te vas, ya no tienes
que venir por mí
si te vas, si te vas, y me cambias
por esa bruja, pedazo de cuero
no vuelvas nunca más
que no estaré aquí..."

(la Shakira)

Clima Mediterráneo

Clima Mediterráneo Se viene dando, algunas de estas noches, un fenómeno meteorológico asombroso.

En pleno centro de la celtibérica Meseta, en mitad del otoño (que es invierno, porque ya sabemos lo que hay: nueve meses de invierno y tres de infierno), partiendo del interior de determinado recinto secreto, se desencadena por momentos, en todo su cálido esplendor, el clima mediterráneo.

Lo juro: lo he visto yo con estos mismos ojos que descubrieron afortunados, en su día, los colores de Van der Weyden y las pecas de tu espalda.

En el páramo difuminado por la espesa niebla de contaminación, el espectáculo resulta todavía más deslumbrante, sobre todo anoche, cuando se materializó de pronto el patio con naranjos del Museo Frèderic Mares a sólo unos metros de nosotros, en las mismísimas, agrestes e indómitas fronteras de Valdemoro.
Aparición repentina que festejamos, por cierto, entonando canciones guarrillas en valenciano del Norte, en milagroso mestizaje con rimas y poemas del Sur metropolitano de la capital del Imperio :"¿A qué fuiste a Parla?..."(ejem, usté qué cree); "Visite la Costa Marrón: Getafe, Leganés y Alcorcón". Y, para colmo, Sabina en la radio dice que si mis ojos de gata, miau. De gata miope, miau. Y esto..., bueno... bueno, esto no lo dice Sabina, mi lengua de gata, de gata que se fue a Parla, ja ja, digo miau.
En fin, cuando entornábamos los ojos veíamos el Port Olimpic y las tortugas de piedra de Gaudí, todo con iluminación nocturna de gala, por supuesto.
Pero también aquel azul, azul, azul de mañana, al fondo de la avenida de las altísimas palmeras.
Eso y mucho más divisamos, pues, desde las orillas de ese leteo oscuro que chorrea, veloz de luces, hacia las profundidades de Al Andalus.

Además, como luego cenamos en un chino y daban por la tele un partido de no sé quién de-no-sé-dónde contra no sé cuántos de las Chimbambas, pues prácticamente, oye, como que dimos la vuelta al mundo.

De modo que no me extraña nada que esta mañana hayan aparecido, esparcidos en el asfalto de la Nacional IV, restos de la playa de Castelldefels, e incluso un almogávar despistado que preguntaba, en la gasolinera de Pinto, cuándo zarpaba la próxima nave a Venecia, porque él, entre tanta tierra, se marea el hombre una barbaridad.

Y de este fenómeno de los climas doy fe, a poco más de una jornada de la luna llena de Noviembre, mes de las brujas y de las semillas durmientes bajo los hielos.

Porque, como es sabido, yo nunca -¡pero nunca, nunca!- miento.

Así, en pretérito...

Así, en pretérito... Así, en pretérito pluscuamperfecto y futuro absoluto
voy hablando del trozo de universo que yo era,
de subcutáneas estrellas de sangre
cazadas por el ángel de la anemia
en el cielo arterial,
diciendo leucocitos del alba y río de linfa,
o bien de lo que quise:
el ligero Mediterráneo,
la prohibición de envejecer,
la gavilla del sueño barbitúrico,
y sobre todo, sobre todas las cosas,
Mozart anfetamínico preámbulo de pájaros,
Mozart en ala y aeropuerto,
arco de violín príncipe o piloto: Mozart el Músico.

(Blanca Andreu)

Un ecuatoriano viola sin querer a una nudista

Un ecuatoriano viola sin querer a una nudista "Ramón D., de 22 años, ha sido detenido en Quito acusado de un delito de violación. En su defensa, el joven sólo ha podido alegar que lo hizo sin querer. Los hechos ocurrieron el pasado mes de septiembre en una playa nudista. Ramón explica que se acerco a una muchacha que, como él, tomaba tranquilamente el sol desnuda sobre la arena, con la sana intención de preguntarle la hora. Cuando la chica se inclinó sobre su bolso a buscar el reloj en el interior, Ramón sufrió una erección inmediata, tremendamente excitado por el magnífico cuerpo de la muchacha. Después de que la bella nudista le diera la hora, el chico se aprestó a marcharse con tan mala suerte que tropezó y, al caer sobre la joven, la penetró involuntariamente, segun alegó."

http://miarroba.com/foros/ver.php?foroid=71878&temaid=1412960

Quiero ser una bailarina balinesa

Quiero ser una bailarina balinesa Quiero ser pequeñita, morena,
sinuosa y con los ojos rasgados.
Ostentar kilométricas uñas
y bailar con la cabeza,chium chium,
como si se me fuera a descoyuntar el pescuezo.

Llevar pagoda portátil encima del moño.
Poner cara de om cuando lleguen los guiris
y sacarme una pasta por la Gracia de Buda.
Practicar sexo tántrico -de vez en cuando-
con el que toca el ukelele en la orquesta.

Es que toca muy bien el ukelele
y le da mucha marcha a la danza sagrada.

Tener una tía vendedora de cocos
natural de un pueblo de la provincia de Kuta,
que viva en una cabaña con porche
para que yo me relaje en su hamaca
cuando no pueda más del estrés.

Que me secuestren los piratas de Java,
y que luego me rescate el del ukelele,
(quien se parece a Johnny Depp, por supuesto)
pero no antes de que el capitán corsario
me haya enseñado el tatuaje secreto.

Y lo mejor de todo: librar los lunes.
Que para eso me he pasado el fin de semana
meneando la pagoda, chium chium,
ahora a descansar en el chalet de mi tía
y que me columpien el pirata y Johnny
uno a cada lado de la hamaca
mientras vemos el concierto de Queen en el vídeo
y nos tomamos unos margaritas
todos juntos en om, amor y compaña.

¡Qué sacrificada vida llevamos las trabajadoras!
Pero no me importa porque yo
siempre quise ser bailarina balinesa.
Chium.

Translúcidos

Translúcidos Decidieron por unanimidad renunciar a su condición de humanos.
Desde entonces se dedican a flotar sobre la ciudad de calles vacías, como pequeños dirigibles de cartílago transparente.
Son millones pero les sobra espacio para moverse, puesto que ocupan varios kilómetros de atmósfera sobre la vertical de la antigua Madrid.
A muchos que les visitaron en el pasado remoto, ya les habían parecido gente libre, aunque indiferente.
Ahora son ambas cosas más que nunca.
En la extremidad superior derecha de cada individuo se ha ido soldando, con el devenir de los siglos, una diminuta prolongación rectangular. Es su medio para comunicarse, pero hace mucho que dejó de tener teclas, para limitarse a emitir leves chispazos azulados cada vez que el individuo exterioriza uno de sus pensamientos.
De todas formas, se trata de pensamientos por lo general futiles.
Conversaciones sobre el color del cielo y la velocidad del viento. Si acaso, alguna declaración de amor: pura estética.

Todo empezó, aunque apenas lo recuerdan, una de aquellas mañanas crudas y soledadas de domingo, cuando caminaban por El Prado o por El Retiro con su periódico bajo el brazo.
Asumieron de pronto su identidad translúcida.
Su identidad pacífica y fría.
(En las riberas cálidas del mar del Este, los habitantes de la otra ciudad discurrieron unas horas sobre el tema, con prudente racionalidad, y después continuaron ocupados en sus propios asuntos.)
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La opinión ajena

La opinión ajena "Yo creo que, en general, dejando aparte la opinión de los expertos, se hace demasiado caso a las opiniones de otros... Como regla básica, uno debe respetar la opinión pública lo justo para no morirse de hambre y no ir a la cárcel, pero todo lo que pase de ese punto es someterse voluntariamente a una tiranía innecesaria.
No tiene sentido burlarse deliberadamente de la opinión pública; eso es seguir bajo su dominio, aunque de un modo retorcido. Pero ser auténticamente indiferente a ella es una fuerza y una fuente de felicidad.
...Ya no hay necesidad de depender de los vecinos inmediatos para tener vida social. Cada vez es más posible elegir las compañías en función de la afinidad. La felicidad es más fácil si uno se relaciona con personas de gustos y opiniones similares...podemos confiar en que de este modo se reduzca poco a poco, hasta casi desaparecer, la soledad que ahora aflige a tantas personas no convencionales. Indudablemente esto aumentará su felicidad, pero también está claro que reducirá el placer sádico que los convencionales experimentan ahora teniendo a los excéntricos a su merced.
El miedo a la opinión pública, como cualquier otra clase de miedo,es opresivo y atrofia el desarrollo. Mientras este tipo de miedo siga teniendo fuerza, será difícil lograr nada verdaderamente importante, y será imposible alcanzar esa libertad de espíritu en que consiste la verdadera felicidad, porque para ser feliz es imprescindible que nuestro modo de vida se base en nuestros propios impulsos íntimos y no en los gustos o los deseos accidentales de los demás."

(Bertrand Russell. La Conquista de la Felicidad)
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