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Kiribati

Director

Director

Él sigue sentándose en su butaca de anfiteatro, justo enfrente del escenario. Durante todas las funciones.
Su silueta es una forma oscura en la soledad de las alturas, una forma que nadie puede ver, de modo que bien podemos decir de él que está solo .
Mira atento la función y también estudia a los espectadores: sus reacciones ante el discurrir de la obra. Estudiar el rostro de los espectadores siempre le pareció fundamental. Sobre todo el de los niños, cuando los había en la sala: un libro abierto con grandes verdades escritas en él.
Esa butaca donde se sienta fue, cuando aún vivía, su lugar favorito en el teatro. Desde allí podía controlarlo todo, cada detalle. Evaluar el trabajo, anotar mentalmente lo que había que cambiar. Casi nunca disfrutar con el resultado, aunque éste fuera bueno: el peso de la responsabilidad le pareció siempre demasiado abrumador.
A veces da una palmada y en ese instante el tiempo se detiene. Actores y espectadores quedan paralizados como las figuras de un cuadro.
Entonces él, esa sombra, desciende del anfiteatro y recorre el pasillo, sonriendo a las entrañables caras conocidas que ya no pueden verle ni oírle.
Luego sube al escenario y pasea sin prisa entre los actores. Observa las expresiones congeladas, los ademanes detenidos en una instantánea. Sabe dónde están los fallos. ¿Acaso ellos no los ven? ¡Son tan obvios! Si él aún estuviera vivo, ya se encargaría de hacérselo entender y corregir.
Tal vez lo haga, de todas formas, un día de estos. Ríe al pensar en el susto que se llevarían. Siempre le gustó hacer el gamberro.
Pero no, no interviene, ya que, a decir verdad, se está tomando unas merecidas vacaciones.
Se sentía un poco harto del ruido y del agobio. Su profesión era dura y ocupaba tanto espacio en su vida, que apenas le dejaba tiempo para disfrutar de su familia. No, no se queja. Él eligió esa tarea, y el teatro le entró ciertamente en las venas como una droga. Pero, aún así, estaba cansado y necesitaba un tiempo de reposo.
De todas formas, intuye que alguien, en breve, vendrá a buscarle y se le terminarán las vacaciones. Dentro de su mente, una voz susurra que allí, en ese lugar hacia donde viajará pronto, le están esperando para que les organice un buen espectáculo teatral.
Sí, ya sabe que, las de estos días, son las últimas funciones que observará desde su butaca del anfiteatro.
Les echará de menos, claro: a los actores, a los acomodadores, a los asiduos del público. A su familia, sobre todo a su padre y mano derecha, fiel entre bastidores, atento a sus instrucciones.
Pero es inevitable que caiga el telón pronto.
Que comience la representación en otra parte, donde tanto, tanto le queda aún por aprender.
Tantas funciones por representar.
¿Habrá allí una buena butaca de anfiteatro desde la que pueda sentarse a mirar?
Seguro que sí.

Vizbayo

Vizbayo

Otero es un barrio a las afueras de Ponferrada, que, como su propio nombre indica, se extiende sobre una colina.
Es un lugar tranquilo, desde el que se tienen unas panorámicas del castillo templario y las montañas lejanas del Norte, que me extraña que algún hostelero no haya aprovechado ya para montar algún chiringuito guapo.
Hay casitas bajas con patios y muchas macetas; viñas, cercados de piedra y un apacible vecindario de gente mayor y niños jugando en la calle, como jugaba yo en la calle de mi pueblo cuando era pequeña.
Se llega a Otero tras cruzar un bellísimo puente medieval sobre el río Boeza. Ese puente, como una puerta, franquea la entrada a un espacio al margen de cuanto le rodea, donde el tiempo transcurre mucho más lento.

En la ladera de Otero está Santa María de Vizbayo, la iglesia románica más antigua del Bierzo. No he podido encontrar ninguna foto por ahí, y yo tampoco tengo ninguna que pueda escanear.Pero no creo que una foto dijera mucho:es un edificio aparentemente sencillo.
Eso pensaba yo, pero luego trabé una corta e intensa relación con la chica que enseña el templo a los visitantes.
Escuchándola, entendí que se había enamorado irremediablemente de aquel montón de piedras.
Nos entendimos bien en seguida, como buenas adictas a lo mismo.
Me mostró los rincones inverosímiles, los que ella misma ha ido descubriendo a lo largo de horas y días de contemplación y de estudio. Contemplación y estudio muy tranquilos y bien reflexionados, puesto que los visitantes de Vizbayo son escasos.

Ella decía:

"Ahí, justo debajo de donde tienes los pies... (coño, ya he pisado donde no debía)... arranca un túnel que recorre el subsuelo de la iglesia y llega hasta el cementerio de la parte trasera. Las señoras de Otero me contaron que incluso continúa y llega hasta el castillo, pero yo más bien creo que se trata de dependencias de un antiguo convento que sospecho estaría enclavado aquí".

"Fíjate en las diferentes tonalidades del granito. El rojo (precioso) es el más antiguo: los sillares originales de la iglesia. Aquí, en medio de ninguna parte, cuando el sol del amanecer pegara sobre los muros, debía parecer un incendio".

"Hace poco cayó un trozo de enlucido y dejó a la luz estas pinturas originales del siglo XII. Lo más reciente ha sido una cruz pateada, la misma que aparence en Santiago de Peñalba, lo que me afirma en la idea de que ambas iglesias pertenecían a la misma cofradía de monjes, de la cual no sabemos prácticamente nada, ya que no hay testimonio escrito conocido".

"Los expertos dicen que son dos piñas lo que aparece flanqueando la ventana del ábside. Yo creo, después de haberlas estudiado muchas horas, que se trata de dos cabezas de dragón enfrentadas."

Rojo fuego, dragones, soles nacientes, túneles, monjes sin nombre y sin rostro, cementerios panorámicos, ancianas locales que, de niñas, aún jugaban en los túneles que cavaron los eremitas del Bierzo...
¿Se puede pedir más?

Mi amiga y yo nos sentamos a charlar a la sombra de los arcos románicos. El mundo rodaba por ahí fuera, en alguna parte, y sólo era un tema para cambiar impresiones. Lo importante de verdad lo teníamos a nuestra espalda, desafiando al tiempo, al viento, a la lluvia y a todos los desastres.

La envidio, envidio sus días apacibles amando a su monumento, observando cada piedra como a un ser vivo, con una calma infinita, tan artesana de su estudio como los artesanos de la piedra que levantaron Vizbayo. Tan ermitaña como los ermitaños de hace mil años.

Ya quisiera yo vivir con una tarea cotidiana así entre manos.
En fin, lo único que yo podía hacer, mi único tributo posible, era firmar en el libro de visitas que los vecinos han colocado allí.

No se es visitante anónimo en Vizbayo.

Nigredo

Nigredo

La nada viene a ser como se sentía el puto pato aquél del cuento, ese que luego no era un pato.
(Tampoco era un ganso, Gru, no te relamas que te veo)
La nada significa ser muy pequeño y poseer un tesoro que a nadie le interesa. Es que los tesoros del alma no son precisamente fáciles de adquirir, ni es frecuente que a nadie le interesen: antes hay que sacarse de encima el pánico ancestral a los prejuicios, y eso es bien jodido, señores. Atenta contra la comodidad, ergo es inadmisible. Por eso, a los niños poseedores de tesoros los convierten las brujas malas en bichos raros y los abandonan en el bosque.
De modo que eres muy niño aún y te das cuenta de que a nadie le interesan tus tesoros: tu asombrosa imaginación, tu mirada de implacable inocencia, la generosidad de tu amor, que tanto avergüenza a los mezquinos. No sólamente no interesan tus tesoros, sino que te ordenan, bajo pena de condenarte a la no-existencia en sus afectos, que los escondas y los disimules. Que no se te ocurra mostrarte como eres.
¡Hostia ya, que resultas incómoda!. ¿Es que no lo ves, tontita?
Nigredo son los años en que te niegan el derecho a existir. Y lo peor, en que tú misma te niegas el derecho a existir porque has terminado por creerlos a ellos. Como son tantos... Porque tienes miedo de que no te perdonen, de que no te quieran y se te acabe el sustento. De que los patos te tiren a la basura y te veas a ti misma como una de esas cabeza decapitadas de muñeca vieja que a veces has descubierto con horror en los vertederos de un mundo tan rico en vertederos.
Niña, no sabes que el sustento se te acabó hace tiempo y moriste.
No sabes que ya eres esa cabeza de muñeca rota.
Y que esto es Nigredo.
Los largos años de la nada. Los años en que no dejas de destruirte sin tregua para complacer a tu propia bruja malvada interior, la que tan generosamente te regalaron tus mayores y tú aceptaste para sobrevivir.
Y un día, en un extraño momento de lucidez, te asomas a tu interior y sólo ves un abismo negro.
Tu vida, tras haber pagado el tributo a la normalidad, es aparentemente normal.
Sólo que en ella faltas tú.
¿Dónde está la niña, la tierna maga blanca, el suave huevo de cisne?
¿Qué ha sido de ella?
¿Te permitirá la bruja, tu siamesa, tu verruga, emprender el camino azaroso, durísimo, de su búsqueda?
Verás, a los lados de Nigredo hay dos farallones rocosos: en uno está el Castillo de la Locura y en el otro hay una Circe que te convertirá en borrega a poco que te descuides.
Y en mitad, al fondo del precipicio, serpentea el camino, pero el camino no se ve porque todo está oscuro.
Menos mal que aprendiste a encender una luz, mal que le pese a la bruja.
Que no se te olvide, por favor, que no se te olvide nunca que sabes encender luces...

¿Por qué el ciervo cruzó la carretera?

¿Por qué el ciervo cruzó la carretera?

Ni idea. Pero moló como pocas cosas en el mundo pueden molar.
Fue en el Valle de Fornela, en los Ancares, a la altura de los restos arqueológicos del castro de Chano. Nunca había visto un castro céltico completamente construído con pizarra, por cierto: sobre el verde de la hierba, los restos negros de las pallozas, que prácticamente cuelgan sobre la ladera de la montaña, producen la extraña sensación de algo metálico y vagamente tenebroso.
La carretera era estrecha y difícil, asi que conducía despacio, cuando un cervato precioso de color canela pasó trotando por delante del coche. Otro se quedó en la orilla de la derecha, como indeciso.
Frené, paré el motor y ví que Alicia abría sus ojazos como platos. Aunque luego se puso chulita, claro: "Bah, en el zoo los hay a patadas, mamá, que es que flipas con todo...". Es que es mu chulita ella, pero mucho. No sé a quién habrá salido esta criatura.
Fue un momento fantástico: el bosque, el castro, los ciervos, el torrente que pasa por allí cerca. La soledad, pero una soledad que parecía llena de música.
Creo que hubiera sido perfecto si no hubiéramos ido en coche. Claro que andando no creo que pudiéramos llegar tan lejos.
En fin, que yo quisiera haber cogido ese instante en mis manos, con toda la suavidad del mundo para no romperlo, y haberlo metido dentro de una de esas esferas de cristal que contienen pequeñas escenas, para luego colocarlo encima de la mesa. Y ahora lo estaría mirando, lanzando una ojeada de vez en cuando mientras escribo.
A la salida del Valle, en el momento en que el móvil empezó a tener cobertura, ví que había una llamada perdida. Una buena llamada perdida: un regalo de las xanas del bosque.

Nigredo. Rubedo. Albedo

Nigredo. Rubedo. Albedo

Así se llamaban las tres fases de la obra alquímica.
Negro, rojo y blanco: la nada, la sangre y la vida. Pero no es un tema fácil después de haber conducido muchos kilómetros.
Abracé a un árbol y, como tenía insecticida o algo en el tronco, me dio alergia en los brazos y me salieron granos. Mi hija se descojonó, claro. "Mira lo que te ha pasao por mística", me dice la cabrona, muerta de risa. Y yo rascándome con desespero.
Ah, pero eso fue en el primer árbol.
El segundo era mucho más bonito y no me dio alergia ni nada. Me acordé entonces de lo de nigredo, rubedo, albedo.
Y sucedieron muchas más cosas, que relataré si Dios no lo remedia.
Ahora a dormir, que ha sido un día muy largo.

Allí

Más de vez me ha sucedido. Comienza por llamarme la atención una persona: está en primer plano de la foto mental y me fascina, me mantiene entretenida durante mucho tiempo. Pero luego empiezo a fijarme en el paisaje que hay detrás.
El paisaje de su infancia y sus orígenes, donde jugaba de niño, donde se enamoró por primera vez, donde aprendió las leyendas y los cuentos decisivos.
Suelo pensar: "qué hermoso, su tierra es como él, las personas son un calco de la comarca de su infancia".
Recorro esos lugares, primero con la vista. Luego leo, aprendo y me bebo su Historia a tragos voraces.
Porque siempre tienen Historia. A veces, hasta poseen mitos: entonces es una fiesta desbocada para mis sentidos, lo juro.
Cuando ya no me puedo aguantar más, me traslado allí físicamente.
Una vez en el lugar ya no hay remedio: invariablemente me roba el corazón.
¿Y qué pasó con el antiguo protagonista de la foto? Ah...pues sí, qué mono. Pero es la tierra la que de verdad me arrebata. Se siente.
Pasado mañana estaré allí, en el país maravilloso de los robles y del brezo, de las cerezas y las azucenas silvestres, de las montañas que cantan canciones sólo a quien las sabe escuchar ("yo no digo mi canción sino a quien conmigo va"), del escaramujo, las nueces y la miel de romero. De los míticos ríos preñados de oro y de las diosas encontradas en el corazón de una encina, así como quien no quiere la cosa. Donde puedes sentarte a la vera del camino y verás pasar a todas las razas del mundo. Donde aún, en lo más profundo, quedan lobos. Y águilas. Y niños de hermosos ojos oscuros que todavía no saben cuán inmenso es lo que saben.
Esta vez, cuando haya sido capaz de llegar hasta el último confín, abrazaré a un árbol por primera vez en mi vida. Y eso significará mucho, muchísimo. Porque se habrá cerrado el círculo: fue ese árbol el que me llamó a través de ti, el que me llevó a fijarme primero en ti y luego en el paisaje de tu infancia. Porque los árboles ancianos conocen lo visible y lo invisible, y ese árbol sabe que yo necesito imperiosamente abrazarle.
Ya me invade la impaciencia por encontrarme allí.

Siamesas

Siamesas

De niña me dijeron que ella había muerto durante el parto, pero sólo se trataba de una mentira más.
La verdad es que se cosió a mi vientre en la oscuridad de la noche y se alimenta de mi sangre desde entonces, sin que los demás la perciban.

No siempre está activa. En ocasiones duerme durante meses, y hasta puede, por momentos, parecer un cadáver. Pero no tarda en despertar, con un hambre salvaje, en cuanto su nariz olfatea la cercanía de algo deseable y apetitoso.
Entonces me obliga a saltar sobre la presa y devorarla con toda premura, murmurando amenazas en mi oído. Yo engullo sin masticar apenas, sin saborear el fruto de mi depredación, ya que ella podría impacientarse y ocurrirían cosas espantosas.

Apenas el alimento llega a mi torrente sanguíneo, ella, mi particular sanguijuela, lo succiona para luego despedir por sus venas verdosas la basura tóxica que me devuelve.

Así vivimos esos momentos de confusión y de caza, como dentro de una nube irreal: todo ocurre deprisa, muy deprisa.

Mi siamesa posee unas pupilas rosadas de niña maligna, una palidez translúcida en su piel de espectro y una boca apretada por la rabia asesina que experimenta contra todo lo que está vivo.

Me aterroriza su veneno, su mirada hipnótica de fiera hambrienta; me golpean sus palabras de criatura pervertida desde la raíz de sí misma: "Tú no sirves...Tú no sabes...Tú no puedes matarme porque morirías también..." Y su risilla seca, breve, cuando murmura con sarcasmo "Oh, pobre de mí, no me mires así...soy apenas poco más que una verruga...".

Pero después emite un gemido y, antes de volver a dormirse, yo sé que entiende que mi mayor deseo es que desaparezca. Y sé que toda ella es, en ese pequeño instante, conciencia de su propia condición de monstruo.

Lo que aún ignora es que por fin, después de tantos años, sé cómo he de hacer para acabar con ella.

Cuando vuelva a abrir sus ojos de demente, hundiré mi boca en la suya y taponaré los blandos orificios de su nariz, hasta arrebatarle, con toda la violencia del deseo y de la muerte, el último resuello de su infravida.

O hasta que ella me lo arrebate a mí.

A.28-7-2004

Pues...

Lo dicho, que voy a callarme unos días.

Le estoy tomando gustillo al sofá. Y que, bueno, esto del bitacoreo me cansa un poco. La cosa es que, cuando escribo de mí misma, me parece que el que lo lea estará pensando "y a mí qué cojones me importa". O, si le importa, estará haciendo una interpretación que igual no se corresponde con la realidad. Esto último me molesta, la verdad.

Y cuando escribo así en plan literata y eso (aparte de que yo creo que uno, lo quiera o no, siempre escribe sobre sí mismo) pues el resultado me suele parecer muy deficiente, igual porque lo es. Y no es plan de comerse el tarro, que se me alteran los biorritmos y me suben los triglicéridos. Situaciones ambas intolerables.

No dejaré de leeros de vez en cuando.

Añado, como colofón, una bonita anécdota de la vida misma, que no tiene la menor relación con lo escrito hasta aquí ni con nada de nada en absoluto:

Conocí hace años (veintitantos ya) a una chica preciosa, inteligente y llena de vida. No sé si llegaba a tener treinta años cuando le diagnosticaron lupus eritematoso. Fueron momentos muy dolorosos para ella y su familia, ya que entonces aún se sabía poquísimo sobre esa enfermedad. En fin, una tragedia todo, de esas que parece que se acaba el mundo.

Muchos años después, la volví a ver en la boda de su hermana. Me alegró comprobar que seguía siendo preciosa, inteligente y llena de vida.

Hasta donde yo sé, así continúa.

Durante estos años he visto morir a gente, supuestamente más sana que ella, a espuertas.

Asi que, contra mi costumbre, moraleja: no siempre está enfermo quien está enfermo, ni está sano quien está sano, ya que hay enfermedades que representan un aviso tan apremiante que uno no tiene más remedio que escucharlo y así empieza a cuidar de sí mismo.

Yo, de momento, presuntamente sana, gracias.

Esta noche,a diferencia de la pasada, hasta he dormido.

Por todo lo cual:

X CERRADO POR VACACIONES X

Las Malas Chicas

Las Malas Chicas

"Janis Joplin, la cantante de blues de los años sesenta, es un buen ejemplo de mujer cuyos instintos resultaron heridos por las fuerzas que aplastaron su espíritu. Su vida creativa, su inocente curiosidad, su amor a la vida y su actitud irreverente... fueron despiadadamente censurados por sus profesores y por muchas de las personas que la rodeaban en la sureña comunidad baptista blanca de su época, en la que tanto se ensalzaban las virtudes de la "buena chica".
A pesar de que era una excelente estudiante y una pintora de considerable talento, las demás chicas la sometieron a ostracismo por no llevar maquillaje, y lo mismo hicieron sus vecinos por su afición a subir a la cumbre de una rocosa colina de las afueras de la ciudad para cantar con sus amigos y por su interés por la música jazz.
Cuando al final huyó al mundo del blues, estaba tan muerta de hambre (hambre de estima, de creación, de sentimiento) que ya no supo comprender cuándo tenía que detenerse.
...Hay algo en Bessie Smith, Anne Sexton, Edith Piaf, Marilyn Monroe y Judy Garland que sigue la misma pauta de instinto herido que es propia del hambre del alma: el intento de "encajar", su conversión en alcoholizadas, su incapacidad de detenerse.
Podríamos elaborar una larguísima lista de mujeres de talento con el instinto herido... Todas se morían de tristeza, pues estaban hambrientas de alimento espiritual, de relatos del alma, de naturales vagabundeos, de adornos personales de acuerdo con sus necesidades, de aprendizaje divino, de una sana sexualidad."

(C. Pinkola Estés)

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Creo que las "malditas" y los "malditos" fueron patitos feos que no pudieron llegar a verse como cisnes. Las "buenas personas" y las "buenas costumbres" se encargaron de impedírselo con toda eficacia.
Por eso pienso que conviene reirse, muchas, muchísimas veces, de esa gente tan bienintencionada que te señala constantemente lo mal que lo haces todo. Por supuesto, te recrimina por tu propio bien y eso.
Reirse de la propia vocecita interior que te dice lo mismo ya es más complicado, pero también se puede, también.

Aún así, el mundo no ha cambiado tanto como pudiera parecer y todavía, muchos, podemos convertirnos en pequeñas versiones de Janis Joplin.
Ojalá podamos reirnos siempre de lo que está "bien".

(Imagen: Janis Joplin, fotografía de Bob Seidmann)

El Viento en la Isla

El Viento en la Isla

El viento es un caballo:
óyelo cómo corre
por el mar, por el cielo.

Quiere llevarme: escucha
cómo recorre el mundo
para llevarme lejos.

Escóndeme en tus brazos
por esta noche sola,
mientras la lluvia rompe
contra el mar y la tierra
su boca innumerable.

Escucha como el viento
me llama galopando
para llevarme lejos.

Con tu frente en mi frente,
con tu boca en mi boca,
atados nuestros cuerpos
al amor que nos quema,
deja que el viento pase
sin que pueda llevarme.

Deja que el viento corra
coronado de espuma,
que me llame y me busque
galopando en la sombra,
mientras yo, sumergido
bajo tus grandes ojos,
por esta noche sola
descansaré, amor mío.

(Neruda)

Momento salivario de esta bitácora

Momento salivario de esta bitácora

No sé si es demasiado tarde,
aunque no me importa,
tantas palabras existen
que debiera ser posible
decirlo todo, pero no es así.
Hoy descubrí que con todas las letras
de una u otra forma unidas
creo que no sabría explicar
lo que con un beso te digo.
Te digo lo sincero
te digo de ti qué quiero
te digo de mi espera
te digo mereció la pena
tanto lustro de aprender a decir
con un simple beso...

(Café Quijano)

Mariposa

Mariposa

Hay noches oscuras y hay horas largas como maldiciones.
Y, sin embargo, también hay años que se pasan como un suspiro: porque una vez, allí, encontramos a aquella mariposa de alas blancas; aquélla que nos hacía reir y pensar; la que se transformaba en mil seres distintos, a capricho del caleidoscopio asombroso de su fantasía.
Aquella cuya danza nos hacía saber que sí puede haber maravillas al otro lado del espejo.
Que las penas con risa son menos.
Que la soledad se ablanda con las palabras buenas, las palabras dulces y sabias. Y, claro, las írónicas, también las palabras irónicas.
La soledad se ablanda,sí, se le liman las aristas y se convierte en una almohada de plumas susurrando secretos en nuestro oído.
Y va pasando el tiempo y solemos olvidar poner de manifiesto, alto y claro, la gratitud y el cariño. Porque la mariposa tiene que saber que, a veces, se nos ponían los ojos como platos y soltábamos la carcajada, como si lo que leíamos contuviera toda la alegría del mundo. La alegría contagiosa, la que se comparte.
Y tiene que saber la mariposa que, desde aquí, la percibimos, entonces y siempre, como el contacto suave de una mano afectuosa en la oscuridad.
Y que eso no se olvida. Nunca se olvidará.
Y, coño, ojalá, ojalá, ojalá, ojalá, ojalá que la vida se porte con ella decentemente.
Porque lo merece.
Cruzaremos los dedos.

:-)

Arena

Arena

"Cuando una periodista le pregunta un poco por rutina "por qué destruyen el mandala", Wan Chen Sherpa matiza sin perder la sonrisa que la destrucción no es una palabra que acostumbren a utilizar. "Preferimos hablar de disolución", dice. Y lo explica. "Aunque algo sea bello o tenga un gran valor, en su día desaparecerá. Estimamos mucho nuestro cuerpo, pero sabemos que algún día éste tiene que mutar. Vale para la vida y vale también para un mandala".



Mandala

Depredadores

Depredadores

"Entre los lobos, cuando la hembra deja a las crías para ir a cazar, los pequeños intentan seguirla al exterior de la guarida... Entonces ella les ruge, se abalanza sobre ellos y les pega un susto de muerte para obligarlos a huir y regresar corriendo a la guarida. La madre sabe que sus criaturas...ignoran aún quién es el depredador y quién no. Pero...ella se lo enseñará por las buenas o por las malas.
Como los lobeznos, las mujeres (pongamos las personas; el libro dice mujeres porque está dirigido a ellas) necesitan una iniciación parecida en la que se les enseñe que los mundos interior y exterior no son siempre lugares placenteros. Muchas mujeres ni siquiera han recibido las lecciones básicas que una madre loba les da a sus crías acerca de los depredadores...Por ejemplo:
-si es amenazador y más grande que tú, huye;
-si es más débil, la decisión de lo que quieres hacer es tuya;
-si está enfermo, déjalo en paz;
-si tiene púas, veneno, colmillos o garras afiladas, retrocede y aléjate en dirección contraria;
-si huele bien, pero está enroscado alrededor de unas mandíbulas de metal, pasa de largo"

(Clarissa Pinkola Estés, "Mujeres que corren con los lobos")

Mandalas

Mandalas

"Todo lo que hace el poder del mundo lo hace en círculo: el cielo es redondo y he oído que la tierra es redonda como una pelota y también son así las estrellas. El viento, cuando está encima de su poder se arremolina.Los pájaros hacen sus nidos en círculo, el sol sale y se pone nuevamente en un círculo. La luna hace lo propio y ambos son redondos. Incluso las estaciones forman un gran círculo con sus cambios y siempre retornan al punto donde estuvieron. La vida del hombre es un círculo de la infancia a la infancia y así sucede con todo aquello en lo que se mueve el poder"

(Anciano dakota Reno Negro, citado por Neihardt)

De http://www.elangelcaido.org/creacion/038/038rsorozco.html

una serie de imágenes preciosas de Rosa Sánchez Orozco. Recomiendo verlas, la página El Angel Caído está en mis enlaces.

Allí

Allí

Estoy mirando el fondo de una botella de agua, y veo mi futuro en él.

Veo un lugar del que desconozco el nombre, pero le llamaré Allí.
Veo, cerca de una playa, una casa con muchas ventanas, donde el tiempo flota suspendido como las motitas de polvo en un rayo de sol.
Dentro de la casa, veo mis lienzos emborronados de color; y mis libros, mis cientos de libros en las estanterías.
Y veo a un gato perezoso tumbado sobre un cojín.
Y un poco de desorden, claro, no creo que eso de mi desorden pueda cambiarlo ya.
Y veo, sobre todo, a los que me visitan.
Algunas de esas caras, hoy son imaginadas todavía. Otras son tan antiguas en mi vida, como lo que pueda alcanzar con la memoria. También los hay que ya murieron, pero vienen de todas formas. Estos dan poca guerra, las criaturas, y siempre son bien recibidos.
Adelante todos, estais en vuestra casa.
Hay limonada en la nevera.
No, no me molesta el humo de vuestros cigarros, aunque...¡dejad de fumar ya, coño, ahora que todavía os queda un resto de pulmón!
Ah, tampoco me molestan vuestros hijos.
Ni vuestras manías, siempre que no os dé por pegaros, en cuyo caso iré al jardín en busca de la manguera, para refrescaros.
Pondremos música.No muy alta, que ya no tenemos edad para volvernos sordos del todo.
Nos quedaremos de charla hasta que amanezca y dilucidaremos un misterio universal o dos.

Ya estoy deseando llegar Allí. Me cuesta años, claro, canas y magulladuras.
Pero merece la pena.

Os invito a limonada.

La Hermosa Bestia de la Oscuridad

La Hermosa Bestia de la Oscuridad

"Bella, la menor de cuatro hermanas era en la favorita de su padre, debido a su bondad desinteresada y su actitud cariñosa.
No obstante, al pedirle una rosa blanca, pone en peligro la vida de su padre y las relaciones ideales con él, pues la rosa blanca es robada en el jardín encantado de la Bestia, quien, llena de cólera, le impone el castigo de que en el lapso de tres meses debe entregarle a su hija menor, a cambio de poner a salvo su vida. Así es como la Bella se ve obligada a vivir con la Bestia, hasta el día en que, redimido por el amor, vuelve a su condición humana trocado en un hermoso príncipe."

Para los seguidores de Bruno Betelheim (Psicoanálisis de los Cuentos Infantiles) "el cuento simboliza la animalidad integrada en la condición humana, pues en muchísimos mitos y cuentos populares se habla de un príncipe convertido por arte de hechicería en un animal salvaje o en un monstruo, que es redimido por el beso y el amor de una doncella; un proceso que, según el psiquiatra M-L. von Franz, simboliza la forma en que el ánimus (la imagen del hombre en el inconsciente colectivo femenino, según Jung) se hace consciente.

En muchos mitos, el amante de una mujer es una figura misteriosa y desconocida que ella nunca debe ver y al que sólo puede tocar en la oscuridad. De lo contrario, si enciende una luz y revela su identidad, corre el riesgo de no redimirlo de su condición monstruosa. El ejemplo está en la doncella Psique, quien era amada por Eros, pero tenía prohibido que intentara mirarlo. Eros la visitaba sólo por las noches y desaparecía al despuntar el alba. Las hermanas de Psique le advirtieron que el hombre con quien vivía era un monstruo horrible que no se atrevía a mostrarse a la luz del día. Entonces Psique, curiosa por descubrir el misterio que guardaba su amante, encendió el mechero y se enfrentó a la hermosa imagen del hombre que dormía a su lado. Pero como estaba nerviosa y sorprendida, agitó el mechero y dejó caer una gota de aceite sobre el hombro de Eros, quien despertó y la abandonó por haber visto lo que no debía. De modo que Psique pudo recuperar su amor sólo después de larga búsqueda y muchos sufrimientos."

( http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/hist/montoya3.htm )

El monstruo se oculta. No se le puede mirar: está prohibido, o fue embrujado hace siglos por una hechicera.
Hay que amarle con los ojos cerrados y la luz apagada. O hay que amarle a pesar de su apariencia repulsiva.
Yo creo que, más que la animalidad que dice Montoya, este mito simboliza la enseñanza de dejarse llevar por el deseo puro, sin pararse en minucias como la apariencia o la especie zoológica... :-)).

Imagen. Cartel cinematográfico de La Belle et la Bête, de Cocteau.

Chavelaza

Chavelaza

Tengo una pasión. Y es Doña Chavela.

Ay...No hay palabras para este momento. Hasta la gata está escuchando con arrobo, en la casa silenciosa.

Lástima que no se puedan poner archivos sonoros.

Está cantando ésta de Agustín Lara:

"Si tienes un hondo penar
piensa en mí.
Si tienes gana de llorar
piensa en mí.
¿no ves que venero tu imagen divina?
Tu párvula boca que siendo tan niña
me enseñó a pecar.
Piensa en mí cuando sufras
cuando llores también piensa en mí.
Cuando quieras quitarme la vida
no la quiero para nada
para nada me sirve sin ti."

Esa voz rota y arrastrá, ese desgarro, esa elegancia canalla, ese estar de vuelta de todo pero con la víscera intacta...

Yo quiero ser usted, doña Chavela, y que sea lo que Dios quiera. :-)

Qué hay en la Caja de Oro

Un campo de arroz frente al Mediterráneo.

Cincuenta y cuatro citas en estos doce meses. Todas felices.

Una mesa en aquel bar, tu coca-cola y mi cerveza. Y las tapitas que nos gustan, porque los camareros ya nos conocen.

La libertad que nos regalamos el uno al otro, al no hacernos preguntas.

Mi mano dentro de la tuya. Esto es un pacto entre caballeros.

Agujas de pino y espigas.

Sabina en el altavoz.

"Nunca me canso de ti" en un sms.

"Te he echado de menos" en otro sms.

Aquella verbena de hace dos veranos, cuando todavía no, pero cómo brillaban las luces.

Cielo de Madrid.

Luna de Madrid.

Yo en la autopista.

Tú mirando las rosas de detrás de mi casa.

Dos palabras mágicas, pero no se pueden decir aquí.

Y el mundo, que ya no es el mismo desde que te hiciste un tatuaje con el nombre de esta calle.

El Minotauro

El Minotauro

La Sombra puede morar en el centro en un Laberinto, donde es tan difícil entrar como salir. Puede alimentarse de jóvenes inocentes ofrecidos como tributo. Puede ser una aberración genética de voracidad interminable, asi como la manifestación viviente de los pecadillos familiares: un hijo al que ocultar en los subterráneos de palacio porque no da muy bien en las fotos.
Además da miedo, mucho miedo.

"El poeta latino Ovidio, en sus "Metamorfosis" nos ha dejado narrados, con su inimitable estilo, algunos detalles referentes al mito de Minos. Fruto de los amores antinaturales de su esposa Pasifae, enamorada enloquecídamente de un toro, animal siempre presente en los mitos cretenses, habría nacido un monstruo, medio hombre y medio toro, conocido como Minotauro, al que Minos decidió ocultar encerrándolo en un lugar sombrío y tenebroso (el Laberinto), cuyas mil vueltas hacían que quienes en él entraban no fueses capaces de salir. Incluso Dédalo, el arquitecto más hábil de la época, creador del Laberinto, apenas hubiera sido, el mismo, capaz de encontrar la salida.

Minos, rey de Creta, había condenado a los atenienses a pagar un duro tributo. Debían enviarle siete varones y otras tantas hembras para ser entregados a la crueldad del Minotauro. Uno de esos infelices era Teseo, hijo del Rey Egeo, pero he aquí que Ariadna, la hija de Minos, la doncella de las rubias trenzas en palabras de Homero, sintió piedad y sin duda amor por él, entregándole un hilo que Teseo ató a la entrada del Laberinto, pudiendo salir de ese modo, felizmente, después de haber dado muerte al monstruo, huyendo con Ariadna a la cercana isla de Naxos, una de las Cícladas, donde olvidando toda la gratitud que le debía tuvo la crueldad de abandonarla. En Naxos Ariadna caería en la más profunda desesperación pero sería pronto consolada por Dionisios, dios lúdico y civilizador, que tras ofrecerle su amor habría de colocar en los cielos la corona que le había dado en el deseo de hacer inmortal el recuerdo de esta princesa tan virtuosa. "

( http://www.iespana.es/antiqva/creta/minotauro.htm )

Pues no sé yo quién era más monstruito, si el Minotauro o Teseo.