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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2004. 07/08/2004Nigredo. Rubedo. Albedo Así se llamaban las tres fases de la obra alquímica.Negro, rojo y blanco: la nada, la sangre y la vida. Pero no es un tema fácil después de haber conducido muchos kilómetros. Abracé a un árbol y, como tenía insecticida o algo en el tronco, me dio alergia en los brazos y me salieron granos. Mi hija se descojonó, claro. "Mira lo que te ha pasao por mística", me dice la cabrona, muerta de risa. Y yo rascándome con desespero. Ah, pero eso fue en el primer árbol. El segundo era mucho más bonito y no me dio alergia ni nada. Me acordé entonces de lo de nigredo, rubedo, albedo. Y sucedieron muchas más cosas, que relataré si Dios no lo remedia. Ahora a dormir, que ha sido un día muy largo. 08/08/2004¿Por qué el ciervo cruzó la carretera? Ni idea. Pero moló como pocas cosas en el mundo pueden molar.Fue en el Valle de Fornela, en los Ancares, a la altura de los restos arqueológicos del castro de Chano. Nunca había visto un castro céltico completamente construído con pizarra, por cierto: sobre el verde de la hierba, los restos negros de las pallozas, que prácticamente cuelgan sobre la ladera de la montaña, producen la extraña sensación de algo metálico y vagamente tenebroso. La carretera era estrecha y difícil, asi que conducía despacio, cuando un cervato precioso de color canela pasó trotando por delante del coche. Otro se quedó en la orilla de la derecha, como indeciso. Frené, paré el motor y ví que Alicia abría sus ojazos como platos. Aunque luego se puso chulita, claro: "Bah, en el zoo los hay a patadas, mamá, que es que flipas con todo...". Es que es mu chulita ella, pero mucho. No sé a quién habrá salido esta criatura. Fue un momento fantástico: el bosque, el castro, los ciervos, el torrente que pasa por allí cerca. La soledad, pero una soledad que parecía llena de música. Creo que hubiera sido perfecto si no hubiéramos ido en coche. Claro que andando no creo que pudiéramos llegar tan lejos. En fin, que yo quisiera haber cogido ese instante en mis manos, con toda la suavidad del mundo para no romperlo, y haberlo metido dentro de una de esas esferas de cristal que contienen pequeñas escenas, para luego colocarlo encima de la mesa. Y ahora lo estaría mirando, lanzando una ojeada de vez en cuando mientras escribo. A la salida del Valle, en el momento en que el móvil empezó a tener cobertura, ví que había una llamada perdida. Una buena llamada perdida: un regalo de las xanas del bosque. 09/08/2004Nigredo La nada viene a ser como se sentía el puto pato aquél del cuento, ese que luego no era un pato. (Tampoco era un ganso, Gru, no te relamas que te veo) La nada significa ser muy pequeño y poseer un tesoro que a nadie le interesa. Es que los tesoros del alma no son precisamente fáciles de adquirir, ni es frecuente que a nadie le interesen: antes hay que sacarse de encima el pánico ancestral a los prejuicios, y eso es bien jodido, señores. Atenta contra la comodidad, ergo es inadmisible. Por eso, a los niños poseedores de tesoros los convierten las brujas malas en bichos raros y los abandonan en el bosque. De modo que eres muy niño aún y te das cuenta de que a nadie le interesan tus tesoros: tu asombrosa imaginación, tu mirada de implacable inocencia, la generosidad de tu amor, que tanto avergüenza a los mezquinos. No sólamente no interesan tus tesoros, sino que te ordenan, bajo pena de condenarte a la no-existencia en sus afectos, que los escondas y los disimules. Que no se te ocurra mostrarte como eres. ¡Hostia ya, que resultas incómoda!. ¿Es que no lo ves, tontita? Nigredo son los años en que te niegan el derecho a existir. Y lo peor, en que tú misma te niegas el derecho a existir porque has terminado por creerlos a ellos. Como son tantos... Porque tienes miedo de que no te perdonen, de que no te quieran y se te acabe el sustento. De que los patos te tiren a la basura y te veas a ti misma como una de esas cabeza decapitadas de muñeca vieja que a veces has descubierto con horror en los vertederos de un mundo tan rico en vertederos. Niña, no sabes que el sustento se te acabó hace tiempo y moriste. No sabes que ya eres esa cabeza de muñeca rota. Y que esto es Nigredo. Los largos años de la nada. Los años en que no dejas de destruirte sin tregua para complacer a tu propia bruja malvada interior, la que tan generosamente te regalaron tus mayores y tú aceptaste para sobrevivir. Y un día, en un extraño momento de lucidez, te asomas a tu interior y sólo ves un abismo negro. Tu vida, tras haber pagado el tributo a la normalidad, es aparentemente normal. Sólo que en ella faltas tú. ¿Dónde está la niña, la tierna maga blanca, el suave huevo de cisne? ¿Qué ha sido de ella? ¿Te permitirá la bruja, tu siamesa, tu verruga, emprender el camino azaroso, durísimo, de su búsqueda? Verás, a los lados de Nigredo hay dos farallones rocosos: en uno está el Castillo de la Locura y en el otro hay una Circe que te convertirá en borrega a poco que te descuides. Y en mitad, al fondo del precipicio, serpentea el camino, pero el camino no se ve porque todo está oscuro. Menos mal que aprendiste a encender una luz, mal que le pese a la bruja. Que no se te olvide, por favor, que no se te olvide nunca que sabes encender luces... 12/08/2004Vizbayo Otero es un barrio a las afueras de Ponferrada, que, como su propio nombre indica, se extiende sobre una colina.Es un lugar tranquilo, desde el que se tienen unas panorámicas del castillo templario y las montañas lejanas del Norte, que me extraña que algún hostelero no haya aprovechado ya para montar algún chiringuito guapo. Hay casitas bajas con patios y muchas macetas; viñas, cercados de piedra y un apacible vecindario de gente mayor y niños jugando en la calle, como jugaba yo en la calle de mi pueblo cuando era pequeña. Se llega a Otero tras cruzar un bellísimo puente medieval sobre el río Boeza. Ese puente, como una puerta, franquea la entrada a un espacio al margen de cuanto le rodea, donde el tiempo transcurre mucho más lento. En la ladera de Otero está Santa María de Vizbayo, la iglesia románica más antigua del Bierzo. No he podido encontrar ninguna foto por ahí, y yo tampoco tengo ninguna que pueda escanear.Pero no creo que una foto dijera mucho:es un edificio aparentemente sencillo. Eso pensaba yo, pero luego trabé una corta e intensa relación con la chica que enseña el templo a los visitantes. Escuchándola, entendí que se había enamorado irremediablemente de aquel montón de piedras. Nos entendimos bien en seguida, como buenas adictas a lo mismo. Me mostró los rincones inverosímiles, los que ella misma ha ido descubriendo a lo largo de horas y días de contemplación y de estudio. Contemplación y estudio muy tranquilos y bien reflexionados, puesto que los visitantes de Vizbayo son escasos. Ella decía: "Ahí, justo debajo de donde tienes los pies... (coño, ya he pisado donde no debía)... arranca un túnel que recorre el subsuelo de la iglesia y llega hasta el cementerio de la parte trasera. Las señoras de Otero me contaron que incluso continúa y llega hasta el castillo, pero yo más bien creo que se trata de dependencias de un antiguo convento que sospecho estaría enclavado aquí". "Fíjate en las diferentes tonalidades del granito. El rojo (precioso) es el más antiguo: los sillares originales de la iglesia. Aquí, en medio de ninguna parte, cuando el sol del amanecer pegara sobre los muros, debía parecer un incendio". "Hace poco cayó un trozo de enlucido y dejó a la luz estas pinturas originales del siglo XII. Lo más reciente ha sido una cruz pateada, la misma que aparence en Santiago de Peñalba, lo que me afirma en la idea de que ambas iglesias pertenecían a la misma cofradía de monjes, de la cual no sabemos prácticamente nada, ya que no hay testimonio escrito conocido". "Los expertos dicen que son dos piñas lo que aparece flanqueando la ventana del ábside. Yo creo, después de haberlas estudiado muchas horas, que se trata de dos cabezas de dragón enfrentadas." Rojo fuego, dragones, soles nacientes, túneles, monjes sin nombre y sin rostro, cementerios panorámicos, ancianas locales que, de niñas, aún jugaban en los túneles que cavaron los eremitas del Bierzo... ¿Se puede pedir más? Mi amiga y yo nos sentamos a charlar a la sombra de los arcos románicos. El mundo rodaba por ahí fuera, en alguna parte, y sólo era un tema para cambiar impresiones. Lo importante de verdad lo teníamos a nuestra espalda, desafiando al tiempo, al viento, a la lluvia y a todos los desastres. La envidio, envidio sus días apacibles amando a su monumento, observando cada piedra como a un ser vivo, con una calma infinita, tan artesana de su estudio como los artesanos de la piedra que levantaron Vizbayo. Tan ermitaña como los ermitaños de hace mil años. Ya quisiera yo vivir con una tarea cotidiana así entre manos. En fin, lo único que yo podía hacer, mi único tributo posible, era firmar en el libro de visitas que los vecinos han colocado allí. No se es visitante anónimo en Vizbayo. 15/08/2004Director Él sigue sentándose en su butaca de anfiteatro, justo enfrente del escenario. Durante todas las funciones. Su silueta es una forma oscura en la soledad de las alturas, una forma que nadie puede ver, de modo que bien podemos decir de él que está solo . Mira atento la función y también estudia a los espectadores: sus reacciones ante el discurrir de la obra. Estudiar el rostro de los espectadores siempre le pareció fundamental. Sobre todo el de los niños, cuando los había en la sala: un libro abierto con grandes verdades escritas en él. Esa butaca donde se sienta fue, cuando aún vivía, su lugar favorito en el teatro. Desde allí podía controlarlo todo, cada detalle. Evaluar el trabajo, anotar mentalmente lo que había que cambiar. Casi nunca disfrutar con el resultado, aunque éste fuera bueno: el peso de la responsabilidad le pareció siempre demasiado abrumador. A veces da una palmada y en ese instante el tiempo se detiene. Actores y espectadores quedan paralizados como las figuras de un cuadro. Entonces él, esa sombra, desciende del anfiteatro y recorre el pasillo, sonriendo a las entrañables caras conocidas que ya no pueden verle ni oírle. Luego sube al escenario y pasea sin prisa entre los actores. Observa las expresiones congeladas, los ademanes detenidos en una instantánea. Sabe dónde están los fallos. ¿Acaso ellos no los ven? ¡Son tan obvios! Si él aún estuviera vivo, ya se encargaría de hacérselo entender y corregir. Tal vez lo haga, de todas formas, un día de estos. Ríe al pensar en el susto que se llevarían. Siempre le gustó hacer el gamberro. Pero no, no interviene, ya que, a decir verdad, se está tomando unas merecidas vacaciones. Se sentía un poco harto del ruido y del agobio. Su profesión era dura y ocupaba tanto espacio en su vida, que apenas le dejaba tiempo para disfrutar de su familia. No, no se queja. Él eligió esa tarea, y el teatro le entró ciertamente en las venas como una droga. Pero, aún así, estaba cansado y necesitaba un tiempo de reposo. De todas formas, intuye que alguien, en breve, vendrá a buscarle y se le terminarán las vacaciones. Dentro de su mente, una voz susurra que allí, en ese lugar hacia donde viajará pronto, le están esperando para que les organice un buen espectáculo teatral. Sí, ya sabe que, las de estos días, son las últimas funciones que observará desde su butaca del anfiteatro. Les echará de menos, claro: a los actores, a los acomodadores, a los asiduos del público. A su familia, sobre todo a su padre y mano derecha, fiel entre bastidores, atento a sus instrucciones. Pero es inevitable que caiga el telón pronto. Que comience la representación en otra parte, donde tanto, tanto le queda aún por aprender. Tantas funciones por representar. ¿Habrá allí una buena butaca de anfiteatro desde la que pueda sentarse a mirar? Seguro que sí. 16/08/2004El Chisme y Yo No tengo ni idea de por dónde me viene la aversión al teléfono.Una podría ser tímida y tal. Podría ser una persona con problemas para comunicarme. Pero no es el caso, no. Hombre, tampoco es que tenga vocación de relaciones públicas, pero así, en vivo y en directo, hablo cuando tengo ganas de hablar y me gusta escuchar también. Y me gusta mucho reirme con las personas reidoras. Y hablar de temas y eso, tomando un café. A los dependientes, camareros, etc. me dirijo muy buenamente, con amabilidad y casi siempre con una sonrisa, porque están las criaturas trabajando y yo sé lo jodido que puede llegar a ser el trato con el público. Luego está lo de mi psicóloga, lo que hablo delante de ella. Que hay que echarle un par para hablar de ciertas cosas mientras miras a los ojos a una persona que apenas conoces, por muy psicóloga que sea. Bueno, lo de "apenas conoces" vale para el principio, que ahora ya nos une una relación con solera de años. Por escrito no sólo me comunico, sino que me encanta. Vamos, que no hay mayor problema. Entonces, ¿qué me pasa a mí con el teléfono? Sé de buena tinta que existen personas que oyen sonar el aparatejo y hasta se ponen contentas. O no se ponen de ninguna manera, sólo lo cogen y ya, sin hacer tragedias griegas. Yo, cuando le oigo sonar, pienso: "Vaya, ¿quién será el pelmazo?". O directamente decido que no lo cojo, a no ser que se trate de alguien de la familia más cercana. Casi siempre termino por cogerlo, pero haciendo un esfuerzo de voluntad importante. (Esfuerzo que espero se me valore, por cierto, ya que no es ninguna tontería). Esto es una fobia, ni más ni menos. Una fobia sin explicación. A mí nunca me ha pasado nada con ningún teléfono: jamás aparato alguno ha intentado asesinarme, ni siquiera cuando tenían cable. Y es chungo, la verdad, porque, primero: tengo amigos muy queridos que viven lejos. Segundo: que puede pasar cualquier cosa interesante y yo encontrarme en pleno ataque de anti-telefonitis, y no enterarme. Tercero: que la gente termina por hartarse, porque no siempre entienden que tengo un verdadero problema y se creen que les estoy dando esquinazo. ¿Y en el trabajo? Pues lo cojo, claro. Pero con disgusto. Véase el caso: yo he hablado algunas veces con mi super-jefa, así in person. He dicho lo que tenía que decir, sin alterarme ni ponerme nerviosa ni ná. Y, con la misma persona, por teléfono, he tenido por dentro un verdadero ataque de pánico con sudores fríos incluídos. Ni mi psico se lo explica. Voy a tener que poner solución, coger al toro por los cuernos y empezar a llamar yo a diestro y siniestro, hasta que la angustia se reduzca a un puntito fácilmente ignorable. Que se preparen, je. 17/08/2004El Retonno Hoy he vuelto al seno de la Santa Madre Administración, esa mujer pública.El muchacho nuevo, el de Albacete, parece muy apañao y muy dispuesto. De Albacete y eso. Lo dice él mismo, que es de Albacete, no es que pretenda yo adjudicar procedencias fantasiosas a nadie. La cosa informática fallando, como siempre que no está mi jefe y servidora se halla en pleno proceso de que le caiga encima la losa de la responsabilidad esa. Mañana o pasado habrá un par de altercados de orden público: pasa siempre cuando es menda la que toca que dé la cara. Ley de Murphy, creo que lo llaman. ¿De dónde se habrán sacado que yo sea capaz de hacerme responsable de nada? Pues eso es porque no han visto cómo tengo la cocina ahora mismo, que tengo la ventana cerrada para que las vecinas no vean el desorden: no vaya a ser que me denuncien a los servicios sociales y éstos vayan y me quiten la custodia del gato. Si voy a la Dirección Provincial y lloro desconsolada, de rodillas ante la puerta del despacho de la directora, ¿se creerán de una buena vez que soy una irresponsable, una inmadura y una completa discapacitada para todo lo que no sean las tareas más simples? ¿Me darán una baja por depresión, enternecidos por mis lágrimas? ¿Me darán una gratificación en metálico para que me calle de una puta vez? ¿Me darán una patada en el trasero, para que el mismo no estorbe a las señoras de la limpieza en su quehacer cotidiano? Casi que no voy, por si acaso. ¡Ay! Sólo me consuela el hecho de que aún me queda una semanita de vacaciones en Octubre y unos diítas para Navidades. Je. 21/08/2004Yo nunca dije que fuera buena ¿De dónde habrá salido una idea semejante?Seguramente es una idea cómoda, una idea zapatillas-de-andar-por-casa. Una de esas ideas que sólo sirven para hacer perder el tiempo a todo el mundo, y especialmente a mí. Hay quien no me ve egoísta. Por Dios, que visite al oftalmólogo cuanto antes. Yo soy egoísta por convencimiento y por vocación, y me encanta serlo. Egoamante, incluso. Y no soy ególatra porque esto implicaría ponerme a adorar a alguien, tarea que encuentro ardua, innecesaria y contraria a mi arraigado sentido del hedonismo, aunque el objeto de adoración sea yo misma. Hay quien se empeña en colocarme encima el personaje de coleguita simpática, comprensiva, amistosa y tal. Y yo soy así, claro que sí, pero sólo cuando y con quien decido serlo. Cuando decido que soy otra cosa, no me valen imposiciones de nadie. ¿Que al interfecto no le mola? Pues aquí paz y después gloria, y usted lo pase bien con otros coleguitas, que seguro que los tiene. Y es que es incomodísimo que te impongan la etiqueta de buena. No por buena, sino porque te la imponen. Claro, como te metan en un estereotipo tan falso como ajustado a sus necesidades, o a su capricho, estás perdida: ya no ven más allá de sus narices. Ya no te ven como eres, sino lo que les da la gana ver. Ya puedes tú andar ejerciendo de fenómeno meteorológico-que es lo tuyo-, que dirán: "Uy, qué brisa se está levantando, mire usted. Bueno, bueno, ya pasará". Es que, claro, resultas mucho más conveniente de brisilla que de tornado. Y cuando la brisilla no pasa (porque no puede pasar, ya que no existe como tal brisilla) entonces menean la cabeza con gesto de preocupación y dicen: "Uy, uy, parece que refresca, pero no deja de ser una brisa, ya pasará, bla, bla, bla." Y bla. Pues nada, nada. Allá películas, pa qué vamos a discutir. Pero qué cansancio, por favor. 24/08/2004Elegant GardenEste cuadro de arriba se titula Elegant Garden. Es obra de una pintora americana llamada Diane Romanello. Yo no la conocía de nada hasta que ví una lámina de Elegant Garden colgada en la pared de la sala de espera del médico. En seguida me llamó la atención, de modo que anduve buscando en google. Quizá en la imagen, como es pequeña, no se aprecia demasiado bien, pero muestra un pequeño paisaje algo brumoso, solitario en ese preciso momento y, sin embargo, maravillosamente construído y cuidado, a juzgar por su aspecto. Luego habitado, no se sabe por quién. Elegant Garden. Pero, ¿cuál es el jardín elegante a que se refiere la autora?, ¿el de más allá o el de más acá de la verja?. ¿El observador se encuentra a punto de entrar o a punto de salir del lugar paradisíaco? Suelo preguntármelo mientras espero para entrar en la consulta; quizá porque también yo aguardo el instante de atravesar una puerta. Atravesar una puerta suele representar un momento decisivo, un acto no exento de cierto peligro, o de un gran peligro incluso, que puede cambiar radicalmente la vida de una persona. En las tumbas egipcias, así como en las etruscas, se pintaban trampantojos de puertas, tal vez con la finalidad de que el alma pudiera entrar y salir libremente sin que irrumpiera en el mundo real, donde su aparición hubiera causado pavor a los vivos. He visto pocos cuadros tan inquietantes como este Elegant Garden, aparentemente tan coqueto y civilizado. Creo que ahí, ante esa puerta, podría suceder cualquier cosa. Y, en fin, si yo me materializara en esa escena pictórica, atravesaría la verja entreabierta con la sensación precisa de estar haciendo algo irremediable. 27/08/2004Palabras Mayores Ella come pizza y dice:-Si alguien murmura "amor mío" en tu oído mientras te abraza, quizá luego no has de sorprenderte de estar al día siguiente tan abstraída que suene el teléfono, y vuelva a sonar, y te digan:"Eh, ¡que suena el teléfono!", y te lo vuelvan a decir... Y tú no te enteres. Así fue como se me perdieron ayer cinco minutos, de los cuales no recuerdo absolutamente nada. El problema, el verdadero problema, es que no supe qué responder a ese "amor mío" y que sigo sin saber qué responder. No puedo haberme vuelto insensible. ¿O sí? ¿Qué se contesta en un caso así?: ¿gracias, igualmente?; ¿y usted que lo vea?. Lo que realmente me gustaría responder es un "te quiero", claro. Pero es que le tengo mucho respeto yo a ciertas palabras. Porque, si uno dice te quiero, la vida de uno cambia sustancialmente y ya nada vuelve a ser lo mismo. Palabras mayores. Son palabras mayores. Pues sí, bonita, sí. Tienes razón. Palabras mayores. Ahora, que te repita eso de "amor mío", pero con la ropa puesta. :-)) 31/08/2004Dilema Tengo las cervicales chungas. Me lo ha dicho hoy el médico. Lo normal es que las vertebras cervicales se alineen formando una suave S, al igual que el resto de la columna. De lo contrario, iríamos por el mundo rígidos como paraguas y no dejaríamos de caernos al suelo.Pues yo las cervicales las tengo derechas, sin S. Parece que esto se debe a la tensión excesiva de los músculos de la zona sobre los huesos. Tensión excesiva que viene de las malas posturas en el trabajo, de la tendencia a contraer la musculatura del cuello a consecuencia del estrés y de otras jodiendas cotidianas repetidas durante años. Hablando de curas-gimnastas morboso-musculosos, esto significa, entre otras cosas, que no puedo seguir haciendo pesas, poleas, prensas y lindezas semejantes. El médico dice que mejor haga natación. Me gusta nadar, pero ya me había acostumbrado a mi gimnasio y hoy, mientras estaba allí y sabía que quizá tenga que dejar de ir, sentía que perdía algo mío. Algo que aprecio. Y no hay muchos lugares que yo aprecie, la verdad. Asi que no sé si empezar a hacer natación o seguir en el gimnasio, pero sólo en la cinta, la bici estática y las cosas que no me afecten al cuello. No es un dilema tan sencillo como pueda parecer. No se trata sólo de mi cuerpo. Se trata de asumir un sentimiento de pertenencia, de integración en una pequeña sociedad, en un pequeño mundo donde he conseguido hacer cosas que nunca creí que sería capaz de hacer. Un recinto donde me he querido mucho. O seguir siendo nómada y empezar de nuevo en otra parte. También tendré que dormir en una almohada de esas. Y tomar Espidifén, que me pone espidifenética, yo me entiendo. Y,( oh, claro) perder peso. Para lo cual, van a clavarme agujitas. Me apunto a un bombardeo y me apunto a la acupuntura. Y a ver qué es de mí, señores. |
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