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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2004. 06/03/2004Recapitulemos Ahora que empieza la primavera del 2004, recapitulemos.no creo en el matrimonio no creo en los gobernantes no creo en los vendedores (tampoco en los vendedores de sí mismos) no creo en las religiones (hablando de vendedores) no creo en las letras de las canciones de amor no creo en la compañía de quienes no soportan la soledad no creo en el amor de quienes no soportan la falta de sexo no creo en los príncipes azules no creo en el olvido no creo en lo obvio (es demasiado obvio) no creo en las operadoras de telefonía no creo en El Corte Inglés no creo en las buenas intenciones de mis jefes no creo en las explicaciones globales sobre el mundo y su funcionamiento no creo en las explicaciones globales sobre la vida y su funcionamiento (no existe libro alguno de instrucciones para tales cosas) no creo que nadie sepa más que yo sobre mí misma Creo en: ciertas jóvenes personas que portan mis genes escribir el sexo el ron Habana con cola cola mi mejor amiga la música la ropa interior con transparencias los jacuzzis el aroma a té verde las pelis de miedo alguna hermosa gente que voy encontrando por las esquinas de la vida viajar a Barcelona (esto ocurrirá muy pronto :-)) el fin de la jornada laboral reirme de cosas sin importancia la gente, cuando está dispuesta a cambiar las cosas la gente, cuando es sólo buena gente la gente, cuando tiene una buena historia que contar Y en muchas cosas más, que ahora no recuerdo, pero que suelen llegar detrás de mí como la estela de un cometa... 07/03/2004Aprendiendo Jugaremos a ser caballeros antiguos. A golpe de lanza, a quebrar el silencio. A morir con honor protegiendo a los débiles y humillando al soberbio. A mirar lo terrible de un rayo de luna sobre un filo de acero. A dormir en el suelo. A galopar en los bosques oscuros sin pactar con el miedo. Y aprenderemos a perderlo todo con tal de ser libres y ganar el tiempo. También aprenderemos: A conversar con lobos. A leer en las hojas de arce. A escuchar el crepitar del fuego. A tender emboscadas. A custodiar espantosos secretos. A rescatar verdades escondidas. A callar durante años y años. A saber soportar el silencio. Y después, en la playa sentados, contaremos historias para todo el que quiera saber cómo fue que aprendimos el juego de ser caballeros. (A. marzo de 2004) 09/03/2004Contigocon recibos y escena del sofá; yo no quiero que viajes al pasado y vuelvas del mercado con ganas de llorar. Yo no quiero vecinas con pucheros; yo no quiero sembrar ni compartir; yo no quiero catorce de febrero ni cumpleaños feliz. Yo no quiero cargar con tus maletas; yo no quiero que elijas mi champú; yo no quiero mudarme de planeta, cortarme la coleta, brindar a tu salud. Yo no quiero domingos por la tarde; yo no quiero columpio en el jardín; lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres porque el amor cuando no muere mata porque amores que matan nunca mueren. Yo no quiero juntar para mañana, nunca supe llegar a fin de mes; yo no quiero comerme una manzana dos veces por semana sin ganas de comer. Yo no quiero calor de invernadero; yo no quiero besar tu cicatriz; yo no quiero París con aguacero NI TE QUIERO SIN TI. No me esperes a las doce en el juzgado; no me digas "volvamos a empezar"; yo no quiero ni libre ni ocupado, ni carne ni pecado, ni orgullo ni piedad. Yo no quiero saber por qué lo hiciste; yo no quiero contigo ni sin ti; lo que yo quiero, muchacho de ojos tristes, es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matas... (Joaquin Sabina- Antonio García de Diego - Pancho Varona) 11/03/200413/03/2004Eterna SombraEterna Sombra (Miguel Hernández) Yo que creí que la luz era mía precipitado en la sombra me veo. Ascua solar, sideral alegría ígnea de espuma, de luz, de deseo. Sangre ligera, redonda, granada: raudo anhelar sin perfil ni penumbra. Fuera, la luz en la luz sepultada. Siento que sólo la sombra me alumbra. Sólo la sombra. Sin rastro. Sin cielo. Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles dentro del aire que no tiene vuelo, dentro del árbol de los imposibles. Cárdenos ceños, pasiones de luto. Dientes sedientos de ser colorados. Oscuridad del rencor absoluto. Cuerpos lo mismo que pozos cegados. Falta el espacio. Se ha hundido la risa. Ya no es posible lanzarse a la altura. El corazón quiere ser más de prisa fuerza que ensancha la estrecha negrura. Carne sin norte que va en oleada hacia la noche siniestra, baldía. ¿Quién es el rayo de sol que la invada? Busco. No encuentro ni rastro del día. Sólo el fulgor de los puños cerrados, el resplandor de los dientes que acechan. Dientes y puños de todos los lados. Más que las manos, los montes se estrechan. Turbia es la lucha sin sed de mañana. ¡Qué lejanía de opacos latidos! Soy una cárcel con una ventana ante una gran soledad de rugidos. Soy una abierta ventana que escucha, por donde ver tenebrosa la vida. Pero hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida. 14/03/2004¿Es que no oís los gritos?QUEREMOS LA VERDAD YA 15/03/2004Hoy en el gimnasioHoy me he parado en el gimnasio, mientras esperaba a que terminara mi amiga, para marcharnos juntas. He contemplado, por unos segundos, a los humanos que me rodeaban, con la misma atenta dedicación con que puedo mirar a los animales de un zoo, o a los peces de un acuario. Esto no es nada peyorativo: adoro y admiro a los animales (sobre todo a los que tienen la piel moteada, aunque este detalle, dirán los que me conocen, es una de mis rarezas propias de animal moteado). He pensado en cómo la vida y los sucesos nos modelan físicamente. Al igual que las arrugas de un rostro evidencian sufrimientos y trabajos de años y años, las barrigas, los músculos fláccidos, los hombros cargados, los andares de pato, son mensajes tan claros, que casi asusta el hecho de que mostremos tanto de nosotros mismos en cada uno de nuestros gestos y nuestros cuerpos. Y lo mismo ocurre con el caso contrario, claro: los cuerpos duros, los abdominales lisos, la gracia y la esbeltez extremas. Sólo que, en este último caso, la verdad: me siento menos humanamente interesada. Cuestión de gustos. Y, con todos mis defectos, me he querido tanto en ese instante, me he gustado tanto, que he estado a punto de abrazarme allí mismo. Todo porque, en ese abrazo que me doy, siento con toda mi alma que asumo mi porqué. Mi por qué soy así, de esta manera y no de otra. Entiendo de qué desamor nació cada michelín; de cuántos momentos de amor, con mi hija en brazos, nació la costumbre de balancearme de derecha a izquierda cuando estoy distraída; entiendo los miles de horas de dedicación a mi trabajo que hicieron nacer esa contractura crónica que tengo en el hombro; entiendo de qué desaforada pelea de superviviente ha nacido cierto gesto de atención alerta de mi cabeza; y cuántos pasos por cientos de caminos me ha costado mi personal manera de apoyar la planta de los pies en el suelo. Y por todo eso, porque todo eso es mío y de nadie más, me quiero y me gusto un montón. Y, porque me he dado cuenta en ese segundo de descanso en el gimnasio de que, a todos los que estaba allí conmigo, la vida les ha moldeado también, he sentido afecto y gusto por ellos. Sólo por eso, por ser personas. Bueno, ya sé que parezco un anuncio de Adidas y tal, pero...Así están las cosas. :-)) 20/03/2004El Recurso de la Hormona(o la culpabilización de la Primavera) Vengo observando, desde hace algún tiempo, esa reacción estúpidamente común a muchos varones de mi generación. Bueno, y a algunas mujeres, las cuales (quiero creer) no se han parado a pensar en la animalada que están diciendo de sí mismas. Digo varones de mi generación porque ocurre menos, o yo no lo he detectado, con los que son más jóvenes. Pongamos que mi generación es la que nació en los sesenta, para entendernos. Y digo "muchos" varones porque no son todos, afortunadamente. Son sólo los más listos y enterados de las cosas psicológicas de la vida y tal. Bueno, conozco a un camionero que ha aprendido en el mundo real y les da mil vueltas a los lectores, relectores y sabihondos de toda laya que no han asimilado ni una palabra de los libros que se han tragado enteros sin digerir. Y no han asimilado ni una palabra porque sus propios mecanismos de defensa no se lo han permitido. Porque sólo leen para autoafirmarse en sus cuatro estereotipos de andar por casa, con los que van mal-funcionando desde que tenian diecisiete años; manteniendo, en cambio, los ojos y las orejas bien cerrados a todo lo que pudiera enseñarles que se equivocan. Así que es como si no leyeran: o peor, porque se aprenden de carrerilla categorías, frasecitas y definiciones que les vienen al pelo luego, cuando les conviene aplicarlas traídas por los pelos. Estoy hablado del recurso de la hormona o la culpabilización de la primavera. Resulta pasmosamente común todavía (y lo que nos queda por delante, me temo) que una mujer exprese su indignación y enfado ante el comportamiento deficiente de un hombre y éste, en lugar de poner ni por un segundo en tela de jucio su propia manera de actuar, presuma, con toda la sospechosa inmediatez de quien se siente pillado en falta, que la mujer es víctima de sus estrógenos o de algún alboroto psíquico atribuible al cambio de estación. Y así se lo manifieste, por lo general con sonrisita de suficiencia. Y lo cierto es que esa acusación tan descalificadora e injusta, no pretende sino imponer la sumisión a la mujer. Ya que no es tan fácil hoy en día, en los países occidentales, silenciar a las mujeres bajo un velo que las haga desaparecer como personas con criterio y sentimientos propios, se procede a descalificar sus palabras por el repugnante procedimiento de hacer creer que son víctimas de una locura transitoria que invalida el contenido de lo que están diciendo. Pues no. Piensen lo que les parezca, señores. Mi endocrino está muy contento con el funcionamiento de mis hormonas y la primavera, mayormente, lo que me produce es una alergia al polen de tres pares de huevos. Claro que yo tengo agravante. Y aquí paso a personalizar y a contar mi vida. Vida que a mí me mola mucho, pero que a otros no les debe parecer tan molona. Señoras y señores: soy culpable. ¿Por qué soy culpable? Pues muy sencillo: porque sufrí un episodio depresivo, con tratamiento psicológico y farmacológico (Prozac, PROZAC, repito,por si no se lee bien). Esto, por supuesto, me convierte en una gilipollas crónica que no sabe lo que está diciendo. Ergo: si me engañan, me ningunean, o insultan a mi inteligencia de cualquier forma, lo que tengo que hacer es callarme y aguantarme, que para eso soy culpable. Porque, faltaría más, existe una espada de Damocles sobre mi tonta cabecita, y es la eterna sospecha de que no sé lo que estoy diciendo: las hormonas, la primavera, la depresión, la medicación, la no-medicación, la psicóloga, el no haber acudido esta semana a la psicóloga, o cualquier otro factor derivado de mi debilidad mental, es lo que habla por mi boca. Y no yo, legítimamente herida o cabreada. No, eso no. ¿cómo va a ser eso? Soy mujer, luego estoy loca por culpa de las hormonas. Soy sensible, luego estoy loca por culpa de la primavera. Soy paciente de psicoterapia, luego estoy loca sin más. Para colmo, tengo carácter, siempre lo he tenido, apañada estaría si no lo tuviera, y no me dejo aplastar ni por la madre que me parió. Por lo tanto, tengo muy mala leche y soy una borde. ¡Ah!: y una malhablada. ¿Y lo comodísima que resulto para todo el que me quiera hacer una putada? ¿Eh? Para todo el que se quiera sentir listo e interesante sin serlo. Para todo el que quiera tener razón a toda costa sin tenerla. ¿En qué otro lugar del mundo se la darán más que conmigo? Porque, claro, si yo no se la doy, como estoy loca...Ah...pues eso, que estoy equivocada.¡ Claro, claro, como está loca la pobre...! Vamos, si deberían hacerme un monumento. O pagarme por lo menos, coño. Lo dicho: El Recurso de la Hormona. Acuño el término como la quintaesencia de la estupidez humana, cuando quiere simular listeza. 21/03/2004Una Casa de PiedraCon muros gruesos y una fila de balcones en la fachada del primer piso. Un jardín abajo, un jardín rodeado de un seto para preservar la intimidad de sus moradores, con su cartel en la verja de entrada: "Cuidado con el perro". Parapetada de granito, sólida como el sillar maestro de una catedral. Es la casa donde transcurrió gran parte de mi infancia. En ese primer piso de los balcones, viví con mis padres, y luego, años más tarde, pasé las vacaciones de verano con mi abuela. Desde las ventanas traseras, se podía ver la Sierra de Guadarrama cercana. Mi abuela me contaba allí la leyenda de la Mujer Muerta, que da nombre a un grupito de montes. Una historia que no recuerdo, aunque sí el espanto que le causaba a mi imaginación infantil. Allí pasé días felices jugando con mis primos, Luis y Jose Antonio. Pero esto fue en la época de mi abuela Amelia, que era una persona muy,muy especial. Antes de eso, en la época de mis padres, la cosa resulta bastante más misteriosa y legendaria. Yo no nací en esa casa, porque nací en un hospital. Pero allí vivíamos cuando vine al mundo. De manera que su interior es la primera imagen de la realidad que guardo bajo los estratos de la memoria enterrada. Por el entarimado de su largo corredor de madera, comencé a caminar a gatas. Sé que lo recorría de principio a fin una vez, y otra, y otra. Ida y vuelta. Al final de cada viaje estaba mi madre, en la cocina. Pero, cuando llegaba, ella me daba media vuelta y....jaja...¡otra vez a empezar! Sé que odiaba al gato. El gato era mi enemigo natural, ya que competíamos por el dominio del corredor. Seguramente él pensaba que yo era otro animal doméstico que le quitaría la comida y el territorio. Así que me arañaba, el muy cabrón. Yo me consolaba comiendo cositas del suelo. Pero tampoco este goce de los sentidos me duró mucho, porque mi madre se percató de mi precoz drogadicción y me puso unos calcetines en las manos, para que no anduviera hurgando en los entresijos de las tablas. Me vengué pintando de verde la puerta de entrada, un día que los mayores se habían dejado brochas y pintura abandonadas mientras comían. Luego encontré a mi primer amor: la muñeca Cirila. No la recuerdo tampoco, sólo es un referente de historias familiares. Eso sí: sé que era calva porque yo la rapé al cero. Bien, lo cierto es que terminó por tener un aspecto repulsivo, pero yo la amaba con la misma pasión que si hubiera sido la muñeca de porcelana con rizos de oro más preciosa del mundo. O con más, con más pasión. En aquella época, en Collado Villalba no había agua corriente en muchas casas. En la mía no lo había. Recuerdo los cántaros del agua de beber. Y los viajes al río, con mi madre, a lavar la ropa. Mi madre rompía el hielo del río con una piedra para hacer la colada. "Mariconadas las mínimas" podría ser un buen lema familiar. El problema es que, cuando comenzamos a vivir en la civilización, mi madre parecía conservar una singular nostalgia de las épocas tribales y me enseñó la manera siempre más incómoda y dura de hacer las cosas. Bueno, ese es otro tema. Y, bien mirado, me ha servido bastante ese aprendizaje. O no, yo qué sé. El caso es que ayer llevé a mi hija a conocer esa casa. Por fuera, claro. A ella le fascinó. A mí también me fascina. ¿Se podrá alquilar? Parece que no la habita nadie. Excepto el fantasma de mi abuela Amelia, claro. Tal vez va siendo hora de un reencuentro familiar. Y lo digo totalmente en serio, no es coña. 22/03/2004Una Antigua Costumbre Contaba Herodoto de Halicarnaso , aunque nadie le creyó jamás, una curiosa costumbre del pueblo perdido de los etíopes nabucos.Cuando un etíope nabuco llora el recuerdo de algo que, aun a pesar de que nunca existió, le es muy querido (como un sueño o un amor eterno), trenza una cesta con mimbres de los cañaverales del Nilo. Dentro, forma un mullido lecho de pétalos blancos de loto, en cuyo centro susurra el nombre de su querido recuerdo. Después, ata a la cesta pequeños lazos de seda, de todos los colores del arcoiris. Vierte ciento diez lágrimas sobre ella, y, en una noche de luna llena, la deja ir para siempre, flotando sobre las aguas del río. Si algún otro etíope nabuco, paseante nocturno de la ribera, ve pasar una cesta de los recuerdos que nunca existieron, murmura una canción y disimula. 28/03/2004Música de LLuvia Está lloviendo.Tú dices que es demasiado tarde, pero yo miro la palma de mi mano y veo un continente por descubrir. Agárrate a mí: es hora de empezar. Podremos bailar por los rincones del recuerdo, hasta que escampe. Así, cuando vuelvan las sombras, nos encontrarán abrazados y el piano no habrá dejado de sonar. Como la lluvia en los cristales. Toda la noche. El viaje que no hicePero no ahora. Ahora prefiero quedarme en casa, escuchando la lluvia en los cristales. Es una decisión. Me quedo en mí. No salgo a buscar nada. Tengo todo lo que necesito, incluso más de lo que necesito. Sólo que no está esa ciudad entre mis pertenencias. Ni lo que la ciudad contiene. Y no está porque, para mí, su precio es demasiado caro. Es la auto-anulación. De la cual no culpo a nadie, por supuesto, ya que soy la responsable de mis auto-anulaciones y de mis auto-lo que sea. En ese viaje hubiera faltado algo esencial en mi equipaje: yo. Sin embargo, para ser del todo sincera, hace un rato he soñado con la ciudad (y con lo que contiene) y ha sido un sueño muy feliz. Tal vez ese es su lugar en mi vida: el sueño. Por lo tanto, escucho a mi corazón y me quedo. Mi corazón, donde vive una niña herida, a la que debo cuidar y proteger. 30/03/2004El Discurso de la Felicidad "El gran secreto para que el amor no nos haga desgraciados es tratar de no tener disputas con el amante, no manifestarle nunca solicitud cuando se enfría, ser siempre un grado más fría que él.Es algo que no nos lo devolverá, pero nada nos lo podría devolver: no hay nada que hacer, salvo olvidar a una persona que nos deja de amar.... Es necesario que la razón aporte su consejo, no la razón que condena todo tipo de compromiso como contrario a la felicidad, sino la que, concediendo que no se puede ser demasiado feliz sin amar,busca que sólo amemos para nuestra felicidad...No hay que avergonzarse de haberse equivocado, hay que curarse, cueste lo que cueste, y sobre todo, hay que evitar la presencia de un objeto que no puede sino estremecernos, hacernos perder el fruto de nuestras reflexiones: porque en los hombres la coquetería sobrevive al amor; no quieren perder ni su conquista ni su victoria, con mil coqueterías saben reavivar un fuego mal apagado y mantenernos en un estado de incertidumbre tan ridículo como insoportable. Hay que cortar por lo sano, hay que romper sin retorno; es necesario, dice el señor de Richelieu, romper la amistad y desgarrar el amor... En la edad madura, la razón debe entrar en juego, a ella le corresponde hacernos sentir que debemos ser felices, cueste lo que cueste." (Madame du Châtelet, El Discurso de la Felicidad) |
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