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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2004. Conversación telefónica Él.-Buenas, que felicidades.Yo.-Pues nada, que gracias. ........ (bla, bla, cosas de la niña esta que tenemos repartida y eso)..... Yo.-Pues hale, a la cama, que ya son horas. Él.-¿A la cama solos o acompañaos? Yo.-Pues tú no sé, yo sola porque ya no aguanto dormir con nadie. Otras cosas puede, pero dormir ná de ná. Él.-¿Otras cosas?, ¿qué cosas?. Yo.-Pues pocas cosas porque la cosa propiamente dicha anda muy malita. Él.-Sí que anda malita la cosa, sí, pero creí que era para mí solo. Yo.-Pues es para todos los españoles sin excepción. Él.-Pues la gente se pasa el día largando que hace esto y lo otro. Yo.-Nada, tú ni caso. Aquí no fornica nadie y el que diga que fornica, miente. Él.-Tú qué sabrás. Yo.-Pues sí que sé, porque son cuarenta y tres tacos ya. Él.-Eso te pasa por cumplir años. Yo me paré en los treinta y de los treinta no paso. Yo.-Sí, en los treinta bajo cero, no te jode. Él.-Nada, a la cama que mañana hay que madrugar. Yo.-Pues buenas noches tenga usted. Y muchas gracias. Él.-Y que cumplas mil más. Yo.-Eso, eso, pero sin achaques. Él.-Adiós. Yo.-Adiós. Jardín OscuroHay un punto en el Universo en el que sorprendo a mi memoria volviendo infinitas veces, sin que yo sepa por qué. Para mí es un lugar mágico. Es un puente sobre el Tajo, junto al palacio de Aranjuez. Allí me he detenido y me he asomado con frecuencia. Miro al agua y, sin dramas, percibo la muerte. La veo como el olvido, como pasar a otra sala y no acordarme de lo que dejé en la anterior. Una vez escribí un poema allí mismo, en ese preciso lugar, porque sentí tan clara esa presencia de la muerte como si alguien me la estuviera explicando al oído con todo detalle. Lo puse aquí, hace muchísimo tiempo. Como la inmensa mayoría de mis textos, ya no me gusta. Más bien lo odio. Yo sólo puedo leer lo que he escrito cuando lo estoy repasando: al día siguiente no lo soporto. Me parece malísimo, pretencioso y lleno de fallos. No sé si lo es. Seguramente, aunque esto es lo de menos. Lo terrible es esa manera tan intensa de experimentar emociones, sensaciones, lugares, olores, recuerdos.... No creo que nadie pueda entenderlo de verdad. Ahí pierdo el contacto con los demás y me siento completamente sola en el mundo. Y no, no estoy exagerando. El caso es que hoy yo paseaba por allí con mis sobrinos (tengo tres, como el pato Donald). A ellos les gusta el sitio porque se ven los patos nadando abajo. Y porque, en la fuente de Hércules, que está cerca, nos hemos salpicado. Hacía viento. Es muy posible que mi fijación por ese lugar se deba también a alguna escena de mi infancia que yo no recuerdo. Mi hermana y yo también íbamos allí con mis padres. En el mismo lugar hay dos relojes. Uno está en la fachada del palacio: siempre marca las seis en punto. Bueno, no creo que marque nada, sólo que las agujas están detenidas en posición vertical. Otro es un grabado en la pileta de la misma fuente de Hércules. Es de sol, pero no tiene gnomon, que es la parte del sencillo mecanismo que haría sombra sobre las muescas. Luego, no marca ninguna hora. La sensación allí es que tengo que recordar algo, algo importante, y no lo consigo. Se me ocurren historias enteras mientras me asomo al río. Es como si se abriera una compuerta. Allí soy yo, yo misma. Muy bien, pero el problema es que no me siento a salvo. Bueno, no sé por qué lo explico tanto. Ya sé que no se me entiende. Además da lo mismo. Estoy segura de que da lo mismo. Dragón Me gustan los dragones.He leído que el símbolo que encarnan es terrible y poderoso:" lo elemental, lo primitivo...la energía animal que acecha en nuestro interior... la energía primigenia de la materia que puede ser desviada para propósitos buenos o malos..."(*) Pero ésta es sólo una posible interpretación. No olvidemos que el dragón es el guardián de un tesoro. O de una princesa cautiva, que en este caso viene a ser lo mismo. El carcelero. Por eso el héroe, con gran peligro de su vida, tiene que atravesarlo con su espada y así liberar la belleza aprisionada. "Una gran cantidad de oro y joyas ocultos en una cueva guardada por un dragón o una serpiente simbolizan el saber interior oculto en el subconsciente"(*) "En el Occidente el Dragón siempre fue concebido como malvado. una de las hazañas clásicas de los héroes (Hércules, Sigurd, San Miguel, San Jorge) era vencerlo y matarlo. en las leyendas germánicas, el Dragón custodia objetos preciosos. Así, en la Gesta de Beowulf, compuesta en Inglaterra hacia el siglo VIII, hay un dragón que durante trescientos años es guardián de un tesoro. Un esclavo fugitivo se esconde en su caverna y se lleva un jarro. El Dragón se despierta, advierte el robo y resuelve matar al ladrón; a ratos baja a la caverna y la revisa bien. (Admirable ocurrencia del poeta atribuir al monstruo esa inseguridad tan humana.) El Dragón empieza a desolar el reino; Beowulf lo busca, combate con él y lo mata. " (http://www.angelfire.com/comics/tenshi/dragones.htm) Cada uno de nosotros tiene su propio dragón. Y en realidad yo no creo que haya que matarlo, sino domesticarlo: convertirlo en una mascota. Esto ya es rizar el rizo, claro. De todas maneras, lo que yo quería decir es sólamente que me gustan los dragones. Los iconos de dragones. Las figuras de dragones Tengo una pequeña en la mesilla de noche desde hace años, con su tesoro entre las patitas y todo. Y el que más, el rey de todos los dragones es el que se ve (aunque no muy bien) en la foto: es de Gaudí y custodia la entrada de la Finca Guell. Espero verlo de cerca algún día. http://www.geocities.com/SoHo/7745/fi1.htm (*)David Fontana, El Lenguaje de los Símbolos ________________________________________ ...hace muchos, muchos años, cuando éramos niños, logramos reunir un tesoro. Un montón de joyas de brillo asombroso que nos hacían sonreir. Luego vino el dragón y asoló el Reino...se quedó a la puerta de la cueva en cuyas profundidades aún yace el tesoro. Y no permite que nadie entre allí: es poderoso, es mortal y sabe causar daño, un daño profundo y duradero, como una extraña quemadura interior. De modo que hay que encontrar la espada adecuada, la más poderosa. Y pasar al otro lado. Porque al otro lado está..... El Deseo El deseo es el factor inexplicable. El factor subrepticio.Imparable e inaudito, como una riada de glóbulos rojos en una calle cualquiera de una ciudad cualquiera. El deseo es una sala de espera donde el tiempo, invariablemente, se dilata en exceso. Es un vaso comunicante con el otro: con el Otro. El Otro. Él. Y el tirón de una mano de gigante que se ha metido en tus entrañas haciendo caso omiso a tus protestas. Y un severo repaso a todo aquello que diste por bueno sin fundamento alguno. El deseo te hace correr con la mente detenida en un punto brillante. Te hace cavar zanjas a toda prisa, antes de que florezcan los rosales. Antes de que irrumpa la angustia y empiece a ajar los pétalos. Los glóbulos, la espera, el otro, tus entrañas, aquel punto brillante, los pétalos, la angustia... El Otro. Él. (Imagen: Luis Martín Duque, Desnudo Masculino) Espejos "Las mujeres han servido durante todos estos siglos como espejos que poseen el mágico y delicioso poder de reflejar la figura del hombre al doble de su tamaño real. Sin ese poder, probablemente la tierra seguiría siendo ciénagas y selva. La gloria de todas nuestras guerras sería desconocida. Aún estaríamos arañando el contorno de los ciervos con los restos de un hueso de cordero y trocando sílex por pieles de oveja o cualquier ornamento simple que desease nuestro gusto rudimentario. ...Cualquiera que sea su uso en las sociedades civilizadas, los espejos son esenciales para todas las acciones violentas y heroicas. Por eso Napoleón y Mussolini insistieron tan enfáticamente en la inferioridad de las mujeres, porque si no fuesen inferiores, dejarían de engrandecer. Esto explica lo incómodos que ellos se sienten ante una crítica de ellas [...]. Porque si ella empieza a decir la verdad, la figura en el espejo se encoge." (Virginia Wolf, citada por Shangay Lily en http://www.shangaylily.com/libros.html Enemigos Anoche soñé que mataba ratas enormes con un spray.Me sentía depredadoramente feliz cada vez que me cargaba a alguna. Sin piedad. Sin perdón. Una, otra, más... Lo malo es que el spray no funcionaba muy bien (los sprays de los sueños no suelen hacerlo, como todo el mundo sabe) y algunas se escapaban por ahí, huyendo por habitaciones parecidas a los salones de El Gatopardo de Viconti, sólo que con las escayolas y los dorados arruinados, los mármoles del suelo llenos de agujeros y las paredes plagadas de manchas de humedad. Las ratas son mis enemigos. Mi enemigos míticos. Creo que nunca se lo he contado a nadie, o tal vez a mi amiga MJ, pero la última rata viva y real que ví, no la olvidaré jamás. Iba en mi coche con un amigo. Le llevaba a su lugar de trabajo, después de una tarde muy agradable juntos. No sé cómo - bueno sí: soy torpe para encontrar las calles- terminé en un callejón sin salida: una calleja de polígono industrial que pasaba por debajo de una vía del tren de cercanías, en las inmediaciones de la estación de El Pozo. Al ver que aquello no tenía salida, frené para dar la vuelta. Entonces ví una rata enorme y negra parada allí delante. Tuve una semi-ataque de pánico. Mi amigo tuvo que hacerse cargo del volante y sacar el coche de allí porque yo ya no daba pie con bola. Durante ese tiempo, la puta rata ni se inmutó. Estaba allí, mirando, con sus ojillos clavados en el coche, sin asustarse ni moverse un milímetro. Con claridad meridiana nos estaba diciendo que lo único que le impedía destrozarnos era su menor tamaño. Pero que no le faltaban ni las ganas ni el instinto. Estaba anocheciendo. Era la tarde del diez de marzo de 2004. Al día siguiente, mientras escuchaba las noticias, yo pensaba por momentos en la rata. Para mí, el recuerdo del 11M va siempre unido a la imagen de aquella rata. Siento que mis ratas son mensajeras de la crueldad. Y por eso las mato en mis sueños. Lo que pasa es que nunca se mueren todas. ) (Seamos concretos: la vida se ve rara en ocasiones. Ejemplo: sucede, cuando ya casi nada te sorprende, que el mundo se vuelve zurdo, como reflejado en un espejo, y así te das cuenta de que te sorprende todo. Dos caras del mismo denario. Yo no nací aprendida a desaprender, sino que me costó mucho lograrlo. Me cuesta mucho todos los días. Desaprender tópicos y sumisiones. Desaprender, por encima de todo, las necedades que se inculcan a los niños para que aprendan a mentirse y a mentir, ya que, de lo contrario, podrían jugar a menudo a volver el mundo zurdo con el consiguiente desconcierto de sus mayores. El mayor de todos los misterios, lo que nunca se nos dijo ni siquiera al oído, es que el Universo está por construir y lo estará siempre. Que cada nueva percepción elegida lo desordena y lo vuelve a ordenar, como a las piezas de un mecano. Que, como dijo Aute, sólo morir permanece como la más inmutable razón; vivir es un accidente, un ejercicio de gozo y dolor. Por eso, quien pone reglas al juego, se engaña si dice que es jugador. Y, si es perverso, sabe que se engaña pero continúa. Kilimanjaro Anoche soñé que navegaba por un río subterráneo, en una pequeña barca de madera. Era un río veloz y me costaba bastante mantener la barca a flote. El río discurría por una gruta que horadaba el corazón de una montaña. Yo no sabía dónde iba, ni cómo había llegado hasta allí. Sólo sabía que tenía que pelear con un timón difícil de manejar. Además, nadando en el agua oscura había bichos sin ojos; bichos muy, muy asquerosos que no describiré ahora. Conseguí, con gran esfuerzo, salir del túnel. El río desembocó en un lago, a plena luz del día. Estaba en el corazón de Africa y veía ante mí el Kilimanjaro. Y era una imagen bellísima después de la oscuridad. Yo es que sueño así, a lo grande. Nada del Aneto ni el cerro Garabitas: el Kilimanjaro, con dos cojones. Va a ser el Espidifén. Pero mola, mola mucho. Conocimientos Tengo un amigo del mejor tipo de amigos: los que te estimulan, los que no te dejan dormirte en los laureles, los que te dicen con la misma tranquilidad lo que haces bien y lo que no mola tanto que hagas.Gracias a él he llevado a cabo cosas que antes nunca hacía porque yo misma me ponía cortapisas idiotas. Por ejemplo, fue él quien me tiró de las orejas para que me soltara a conducir por el laberinto autopistero circunvalatorio de Madrid. Antes me cagaba de miedo sólo de pensar en meterme en la M-30. Ahora me recorro todas las emes habidas y por haber sin problemas. Y esto no es ninguna tontería: para mí ha representado una de esas tareas que cuestan un mundo, pero que, cuando has conseguido dominarlas con tu propio esfuerzo, te suben la autoestima al Kilimanjaro. Hoy he hecho otra cosa que antes... es queeee jooooo me dabaaa un corteee....: he comido en un bar de camioneros lleno de camioneros. Con calendarios de chicas tetonas y eso. Ninguna mujer, sólo la camarera y yo. La comida estaba buena y el sitio estaba limpio, ¿qué más da si yo estaba o no fuera de lugar?; ¿y qué es estar "fuera de lugar"?: pues no es nada, absolutamente nada. Una etiqueta. Nada. Mi amigo parloteaba de política, su tema favorito, bla, bla, bla... y éramos una mesa de lo más animado porque los demás comían, callaban y miraban la tele. Esa persona, mi amigo, es realmente especial, alguien que, de una forma o de otra, quiero conservar en mi vida mucho, mucho tiempo. Y yo creo que a él le pasa lo mismo conmigo. Ojalá. La Cueva Subo todos los atardeceres a lo más alto del risco.Algunas veces llevo conmigo un libro y me abstraigo en su lectura hasta que me falta la luz. Entonces regreso al pueblo lentamente, mientras me invade un escalofrío inesperado bajo las ya tenues sombras de los árboles y de los cercados semiderruidos. Otras tardes no llevo ningún libro a mi retiro vespertino, sino que me limito a mirar el paisaje y a tañer mi flauta. Mis ojos recorren perezosos el semicírculo del horizonte, terminando siempre su periplo en el mismo punto: la gran oquedad de la cueva que se abre en el cerro de enfrente, justo al otro lado del barranco recorrido por el arroyo. De niño escuché la leyenda de una princesa encantada que asomaba, veloz e incierta como una estrella fugaz, a la entrada de la cueva- su reino subterráneo- en algunos atardeceres de espejismo. Como en muchos otros lugares semejantes, por supuesto, tampoco en este pueblo faltaba quien afirmaba haberla visto o quien conocía a alguien que afirmaba haberla visto. Pura cháchara de viejas, pensaba yo. Pero luego la ví aparecer en mitad de un ocaso de otoño. Y ella no huyó. Se quedó quieta, envuelta en su vestidura translúcida, los cabellos de plata al viento de la tarde, mientras me miraba fijamente aguardando a que yo me acercara. Lo hice, pues, ¿cómo resistir a su llamada?. Recuerdo que atravesé el barranco a toda prisa, apenas consciente de hallarme en una esquina decisiva, y llegué apresurado junto ella, sólo para quedarme inmóvil, hechizado, ante su presencia mágica. Ella parecía flotar detenida en el borde del precipicio, rodeada de atmósfera azul, igual que un girón de nube. Muchas veces he pensado que tal vez lo fuera. Comenzó a hablar como si lleváramos conversando mil años. -Soy demasiado vieja.- dijo-. Tus abuelos me buscaron y conversaron conmigo en aquellos días lejanos, cuando venían al monte con sus rebaños y sus perros de caza. Fui yo la que amó al más remoto de tus antepasados, aquel que llegó a este lugar a lomos de su caballo negro y clavó en el suelo la primera piedra del pueblo donde vives. Yo di a luz a su primogénito, el fundador de tu estirpe, cuando las espadas eran aún hojas de bronce con empuñaduras de plata. Mucho tiempo después de que él hubiera muerto, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos aprendieron a mi lado a ser sabios y poderosos. Pero ahora estoy cansada. Incluso para mí, han pasado demasiados inviernos. Por eso voy a entregarte una última palabra y un regalo, y luego desapareceré para siempre. Yo la miraba obnubilado: sus ojos violetas, su piel nacarada de niña, sus cabellos de plata cayendo en ondas suaves sobre los hombros frágiles. La túnica de agua, los blancos pies descalzos que tocaban apenas la roca del borde del precipicio, las manos que se mecían pausadas en el aire, creando a su alrededor pequeñas espirales de luz y de sombra. Finalmente, mientras su silueta se volvía transparente por momentos, cobijada por el último rayo del sol, extrajo de un pliegue de su vestido un pequeño objeto y lo depositó en mi mano: era la flauta. Apremiada, susurró en mi oído su palabra. Pero desapareció y yo, torpe, torpe de mí, no logro recordar lo que me dijo. Ahora, en ausencia de ella, a mi alrededor se hunden los muros de mi casa y la hiedra invade, inexorable, nuestras vidas. Todos los atardeceres subo a este mismo lugar; toco una melodía e intento recordar. Frente a mí, al otro lado, sólo queda una negra oquedad vacía. O tal vez nunca hubo otra cosa que una negra oquedad vacía. Para Elena. Light my fire Hoy a las once son días extraños. Come on, baby,light my fire; pero entonces nos dibujaban los rayos sobre las fachadas de cal. Éramos millones: millones de niños jugando bajo millones soles. Soles y viñas. Soles y montañas. Soles y caballos. Soles y rosas. Soles y nubes. Nubes tapando el sol. Riders on the storm, pero no lo sabíamos. No todavía. Ahora sí, pero ahora ya son las once y son días extraños. ¿Quién fuiste en 1967? Qué Quiere Decir Nunca No es bueno, pero eso no es importante. Importa que hace justo un año que lo escribí, y que lo siento como algo completamente mío, como una parte de mí misma hecha letras, hasta donde las letras pueden ser pedazos de uno mismo. Que es mucho. Puede que algún día llegue a ser más largo o puede que la idea que (casi) contiene: que la locura es parte del corazón humano y no es posible huir de ella porque siempre nos viene a buscar, se haga más amplia. Que el muro se convierta en un laberinto de muros. Que la hiedra crezca y caiga por el otro lado con su inscripción de sangre y entonces aparezca el rostro del poeta... Pero así, como está, lo escupí porque entonces necesitaba escupirlo, y luego todo fue mucho más claro. Y me gusta revivir esa imagen de los seres de pesadilla abandonados en el jardín. No mi forma de escribir, porque odio releer lo que he escrito, pero sí la imagen. Creo que todos tenemos ese jardín tapiado y esa puerta cerrada, con sus criaturas al otro lado. Que algunos pobres desdichados viven allí y no pueden salir. Que la mayoría de nosotros ni siquiera (nunca) nos aproximamos al muro y a la puerta. Y que algunos privilegiados entran y salen, y no se pierden. Pero son los menos. ..................... Al fondo del jardín hay una puerta cerrada. El Poeta se marchó por ella hace tiempo. Dos vueltas de metal y un portazo. Y luego el chirrido de muchos días arrastrándose en fila, uno detrás de otro. Los innumerables días de su ausencia. Así fue como el Poeta nos abandonó, y así fue invadido nuestro jardín por la tristeza. Sin embargo, es verdad que todavía podemos presentirle muchas veces. Algunas tardes, si prestamos atención, conseguimos oírle pasear al otro lado del muro, por la arboleda vecina. Crujen las hojas caídas bajo sus pies cansados. Su respiración acompasada, pacífica, nos adormece como una nana. Entonces, nos miramos unos a otros con un gesto cómplice y concentrado. Nos abrazamos fuerte para imaginarle juntos: sí, es él. Está recorriendo lentamente las sendas umbrías del jardín vecino, con su libro entre las manos. Es él. Luego están esas noches de luna llena en las que centellea el hielo sobre las columnas de mármol. Nos cobijamos juntos del frío, bajo los tréboles, y nos susurramos su nombre. Muy quedo, al oído. Porque su nombre es un secreto. Al unísono, quisiéramos y no quisiéramos que nos oyera: ¡claro que aún le amamos!. ¿Cómo no amarle a él, al Poeta?. Pero no, no osaríamos turbar la paz, libremente elegida, de su exilio voluntario. También bajo el cielo azul purísimo de la primavera, solemos sentarnos en círculo entre los rododendros. Intentamos descifrar esa palabra: " nunca". La última que pronunció antes de atravesar la puerta del jardín. Es que no entendemos qué quiere decir "nunca". Al fin y al cabo, nosotros no somos más que las criaturas imaginarias de su mente. Él nos soñó, nos dibujó, nos compuso, nos dio forma... Y después se marchó. LLoramos quedamente en los momentos tristes, cuando comprendemos la verdad: que se fue porque dejamos de agradarle nosotros, sus propias creaciones. Que al final nos odiaba y nos llamaba sus pesadillas. Sus obsesiones, sus monstruos, sus quimeras. Su locura. Y que renegó de nosotros porque le causábamos pavor. Pero, ¿qué querrá decir "nunca"?....No hemos dejado de darle vueltas a esa extraña palabra. Por fin, escuchando a nuestro corazón, hemos escrito una lista con lo que creemos que significa . La hemos escrito con nuestra sangre, sobre las hojas de hiedra del muro. Así, cuando la hiedra crezca y caiga por el otro lado, él no tendrá más remedio que leerla. La leerá, tendrá que hacerlo aunque le paralice el miedo. Y esa lista dirá: Vacío. Tristeza. Desesperanza. Frío. Abandono. Desamor. Nada. Huída. Soledad. Derrumbamiento. Muerte. Porque creemos que, tal vez, todo eso quiere decir "nunca". |
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